«Rusia es hoy día un Estado esencialmente criminal», aseguró la semana pasada Bill Browder, presidente de la firma Hermitage Capital Management, ante los micrófonos de Radio Liberty. Hablaba tras haberse enterado de la muerte de su abogado ruso, Serguéi Magnitski, de 37 años, acaecida el día 16 en la enfermería de la prisión de Butírskaya, de Moscú. Browder sostiene que a Magnitski, enfermo del páncreas y del estómago, se le negó la atención médica como forma de tortura a fin de lograr de él una falsa confesión de hechos que el Ministerio del Interior necesitaba para ocultar un delito de sus propios funcionarios.
Browder, nieto del que fue líder del Partido Comunista de EE.?UU., cuenta que él mismo apoyó la política de Putin para acabar con los abusos y el poder de los oligarcas rusos, pero ahora «tenemos un puñado de personajes impuestos por la legislación, que son en realidad delincuentes organizados con poderes ilimitados para arruinar vidas humanas y apropiarse del patrimonio ajeno».