El líder libio, que celebra sus 40 años en el poder, ha visto cómo muchos dirigentes declinaban su invitación
29 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El 40.º aniversario de la revolución libia que marcó el acceso al poder de Moamar al Gadafi, que se celebra el martes, pone en aprietos a los países europeos que quieren normalizar relaciones con un estado rico en petróleo y gas, pero, al mismo tiempo, evitan un excesivo acercamiento a un antiguo paria de la comunidad internacional.
A pocos días de una fiesta que se perfila como de las «mil y una noches», el dilema sobre la asistencia oficial de representantes de Gobiernos occidentales a los festejos planea en el panorama internacional. La sombra de Abdelbaset Alí Mohamed al Megrahi, condenado por el atentado en 1988 de Lockerbie y liberado la semana pasada por Escocia por razones humanitarias, condiciona la decisión de asistir o no tras ser recibido como un héroe en su país.
Las autoridades libias confirmaron la asistencia del francés Nicolas Sarkozy, así como de los rusos Vladimir Putin y Dimitri Medvédev, lo que fue desmentido rápidamente por los mismos interesados. Lo mismo ocurrió con la participación de los Reyes de España, anunciada por Libia. En cambio, sí estará en Trípoli el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos.
También tiene prevista su llegada Hugo Chávez y, según Libia, «unos cincuenta jefes de Estado africanos».
«Este aniversario revela las contradicciones de los países occidentales. El cinismo político los lleva a coquetear con Gadafi, pese a que la opinión pública de sus países lo considera una persona que no se debe frecuentar», afirma Antoine Basbous, del Observatorio de los Países Árabes.
El campeón de la seducción
«El campeón de la seducción es [Silvio] Berlusconi, seguido por Tony Blair», afirmó. El multimillonario primer ministro italiano llegará mañana a Trípoli para conmemorar el primer aniversario de la histórica firma del Tratado de Amistad entre los dos países. Ante las críticas de la izquierda por la visita de Berlusconi, varios ministros de su Gobierno tuvieron que salir a defender su decisión. Sin embargo, al final se anunció que no asistirá a las celebraciones.
Después de la visita a Francia en diciembre del 2007, el líder libio fue recibido con gran pompa en junio pasado por Italia, lo que generó fuertes polémicas internas pese a las promesas de inversiones millonarias.