Cheney arremete contra Bush y lo define como maleable y blando

Victoria Toro

INTERNACIONAL

Considera que el antecesor de Obama terminó siendo un «político común» en su segunda legislatura

14 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El vicepresidente de EE.?UU. más poderoso de la historia, como ha sido definido Dick Cheney, sigue demostrando que no tiene ninguna intención de salir de la vida pública. Si hace unos meses se dedicó a expresar públicamente y con ferocidad su oposición al presidente Barack Obama, ahora se ha sabido que también está preparando su artillería contra el ex presidente George W. Bush.

Cheney, que fue vicepresidente desde el 2001 hasta el 2009, está escribiendo a mano unas memorias que se publicarán en la primavera del 2011. Según revelaba el miércoles el diario The Washington Post , el ex vicepresidente no se va a guardar mucho para sí mismo. Como han revelado personas próximas a él, cree que Bush pasó de ser un estadista resolutivo y que le hacía caso en todo durante su primer mandato, a ser un «político común» durante la segunda legislatura. Entonces dejó de escuchar los consejos de su vicepresidente y se hizo una persona «maleable», pendiente de la «reacción pública y la crítica», y «un blando».

No se arrepiente de nada

Cheney, que es el hombre que impulsó la guerra contra Irak, decidió abrir la prisión de Guantánamo, ordenó las torturas y permitió que la CIA se saltara la ley en su lucha contra el terrorismo, ha repetido incansablemente desde que dejó el Gobierno que no se arrepiente de nada. Sus colaboradores han explicado que está convencido de que sus acciones salvaron a Estados Unidos. Pero este hombre que ahora no se calla, también acusó de deslealtad a altos miembros de la Administración Bush, como el ex secretario del Tesoro Paul O'Neill o el ex portavoz de la Casa Blanca Scott McClellan, que hicieron pública su oposición a ciertas medidas adoptadas por el entonces presidente. Cheney calificó entonces la actitud de estos dos hombres de intolerable.

Parece que consigo mismo considera la tolerancia más flexible, ya que sus memorias no serán precisamente amables con su antiguo jefe. En ellas contará con detalle, por ejemplo, los esfuerzos que hizo para convencer a Bush de que firmara el indulto para Libby, funcionario de la Casa Blanca, encarcelado por perjurio y obstrucción a la justicia en la investigación de la filtración del nombre de una agente secreta de la CIA. Cheney no logró convencer al presidente para que lo indultara y ahora amenaza con contar lo que él consideró entonces una traición de Bush. Y es que Cheney piensa que ahora que ya no es vicepresidente no hay ninguna razón para no contarlo todo.

Los colaboradores de Cheney han explicado que este y Bush nunca fueron realmente amigos. Aunque eso sí, se telefonean de vez en cuando. Es de suponer que cuando el tejano haya conocido las intenciones de su subordinado esas charlas telefónicas sean menos frecuentes.