Occidente expresó ayer su descontento por la falta de avances democráticos en Bielorrusia, al considerar que las elecciones legislativas del domingo, en las que la oposición no obtuvo ni un solo escaño, no se correspondieron con los estándares internacionales.
«Estos comicios no cumplieron plenamente con las obligaciones de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para unas elecciones democráticas», aseguró Ann-Marie Lizin, jefe de la misión de observadores. Su análisis fue corroborado poco después por Washington. La oposición también denunció unas elecciones «desiguales e ilegítimas». Ningún candidato opositor de los casi 70 que optaban a los 110 escaños de la Cámara de Representantes bielorrusa resultó elegido, según los datos oficiales.
Entre los elegidos, que debían sumar más del 50% de los votos en su circunscripción electoral, figuran solo altos funcionarios, directores de empresas públicas y otras figuras cercanas al presidente Alexandr Lukashenko, antiguo director de una granja colectiva, en el poder desde 1994.
De esta forma, se esfuman las esperanzas de Lukashenko de que la Unión Europea y Estados Unidos reconozcan los resultados electorales y levanten las sanciones internacionales que impusieron a Minsk en el 2006.