El rechazo de la Cámara de Representantes de EE.?UU. al plan de rescate de los mercados financieros ideado por la Administración Bush ha creado un nuevo contratiempo de imagen a John McCain, cuyo empeño en capitalizar la medida llevó a su equipo de campaña a dar por hecha su aprobación y a atribuirla al candidato republicano a la Casa Blanca. «Este plan no se habría acordado de no haber sido por John McCain», presumió Mitt Romney en la cadena NBC, aun a sabiendas de que en ese momento ya eran numerosos los miembros de su partido que se oponían al rescate por ser contrario a la ideología liberal.
Entre los que habían alzado su voz contra la intervención con mayor determinación se encontraba el representante por Indiana, Mike Pence, quien canalizó la intranquilidad de los conservadores por el uso de los recursos y el poder del Gobierno para influir abiertamente en los mercados. «El plan de rescate cambia para siempre la relación entre el Gobierno y el sector financiero y traslada el costo al pueblo estadounidense y eso no lo puedo apoyar», dijo.
Otro republicano, este por Tejas, John Culberso, advirtió que el proyecto otorga un poder inexplicable y sin precedentes al secretario del Tesoro, que a partir de ahora tendrá la posibilidad de decidir cuándo y dónde comprar deudas incobrables. «Básicamente estamos creando aquí un rey Henry», dijo. «No aprobemos la quiebra de nuestros niños por salvar a estos grandes bancos de Wall Street», señaló, mientras otro republicano por Tejas, Lloyd Doggett, disparó munición gruesa contra el Gobierno de George W. Bush alegando que generó la crisis y ahora es incapaz de superarla.
Tales declaraciones sugieren la existencia de fuertes divergencias dentro del Partido Republicano, cuyos representantes no solo no parecen estar teniendo en cuenta la línea de apoyo al rescate adoptada por McCain, sino que no se detienen ante la evidencia de que, con su oposición a ese plan, están poniendo de relieve la escasa autoridad que ejerce el candidato sobre ellos.