Un misil, que presuntamente fue disparado por un avión norteamericano sin piloto procedente de Afganistán, mató ayer a por lo menos doce personas en el noroeste de Pakistán, zona considerada por los Estados Unidos como un santuario de la red islamista Al Qaida y las milicias talibanes. El bombardeo se produjo tras un agrio intercambio de acusaciones a propósito de este tipo de operaciones entre Estados Unidos y Pakistán, país que, sin embargo, es todavía su aliado en la «guerra contra el terrorismo».
El misil cayó en una casa de Tol Khel, en el suburbio de Miranshah, principal ciudad del distrito tribal de Waziristán del Norte, considerado como un bastión de los talibanes paquistaníes que albergan y apoyan a combatientes extranjeros de Al Qaida, declaró un alto responsable de la Administración local que pidió el anonimato. «El ataque, ocurrido antes del alba, destruyó la casa y mató a 12 personas», agregó la fuente, tras precisar que otras 10 resultaron heridas.
Estas informaciones fueron confirmadas por otro responsable de la Administración del distrito y de los oficiales de las fuerzas de seguridad. Responsables locales aseguraron que la casa atacada había sido alquilada por una organización fundamentalista musulmana afgana, Al-Badar, que está apoyada por el ex primer ministro afgano Gulbuddin Hekmatyar, cuyos partidarios apoyan desde fines del 2001 a los insurgentes talibanes.
Pese a las protestas repetidas de Pakistán, las fuerzas estadounidenses que combaten la insurrección de los talibanes en Afganistán intensificaron considerablemente en estos últimos mese, los disparos de misiles contra presuntos combatientes talibanes o de Al Qaida en las zonas tribales de Pakistán, afectando con frecuencia a la población civil. El ataque de ayer es el cuarto disparo de misil o de salvas de misiles en el noroeste de Pakistán en una semana. En conjunto, las operaciones mataron hasta el momento a por lo menos 38 personas, entre las cuales se encuentran civiles, mujeres y niños.
El lunes, 14 combatientes islamistas y siete civiles, entre ellos mujeres y niños, murieron a causa de varios misiles estadounidenses caídos en el distrito de Waziristán del Norte, según las autoridades paquistaníes. Con anterioridad, el 3 de septiembre, comandos estadounidenses transportados por helicóptero atacaron un poblado paquistaní, matando según Pakistán a 15 civiles, entre ellos mujeres y niños.
El miércoles, el jefe del Estado Mayor del Ejército estadounidense, el almirante Michael Mullen, anunció que había ordenado una nueva estrategia militar que tiene en cuenta «ambos lados de la frontera». Su homólogo paquistaní, el general Ashfaq Kayani, respondió de inmediato que su Ejército no toleraría más ataques de las fuerzas extranjeras en territorio paquistaní.
El Ejército paquistaní reiteró su posición ayer con un comunicado en el cual Kayani aboga por la conservación de la «integridad territorial» del país.
Por su parte, Estados Unidos considera que el Ejército paquistaní no hace suficientes esfuerzos en la «guerra contra el terrorismo». Frente a su pretensión de multiplicar las operaciones en las zonas tribales fronterizas con Afganistán, las autoridades de Islamabad juraron oponerse «a cualquier precio».
Enfrentamientos
La tensión entre Islamabab y Washington, alentada con protestas en las calles, no ha impedido que al menos 40 presuntos militantes talibanes muriesen ayer en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad paquistaníes en una zona tribal cercana a la frontera con Afganistán, informó un portavoz paquistaní.
«Cuarenta militantes y dos agentes de seguridad murieron en enfrentamientos en dos áreas de Bajaur», dijo el portavoz militar. Unos 150 talibanes han muerto desde el pasado jueves en este distrito con alta presencia de rebeldes.