Ehud Olmert salva su Gobierno gracias a un acuerdo in extremis con sus socios laboristas

J. L. R.

INTERNACIONAL

26 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El primer ministro israelí, Ehud Olmert, sospechoso en un caso de corrupción, salvó in extremis ayer su Gobierno gracias a un acuerdo con los laboristas, que renunciaron a votar la disolución del Parlamento, lo que hubiera provocado la convocatoria de elecciones anticipadas.

Apenas unas horas antes de la votación en la Kneset (Parlamento unicameral), la crisis se resolvió gracias a un acuerdo entre Kadima, la formación centrista de Olmert, y el Partido Laborista, dirigido por el ministro de Defensa, Ehud Barak.

Olmert aceptó que se realizaran elecciones primarias en Kadima, tal como le exigía Barak, a más tardar el 25 de septiembre. En contrapartida, los laboristas no respaldarán las tentativas de la oposición de derechas de provocar la caída del Gobierno de coalición. Durante su comparecencia en el Parlamento, Benjamin Netanyahu, líder del derechista Likud, afirmó que la coalición gubernamental ya no funciona y solo se mantiene por oportunismo,

La ejecutiva de Kadima se reunirá antes del 10 de julio para fijar la fecha definitiva de las primarias que designarán a su próximo líder. Pocos días antes, el empresario norteamericano Morris Talansky, quien afirmó haber entregado sobres llenos de dólares a Olmert y a su secretaria, declarará ante la Justicia en el marco de un contrainterrogatorio llevado a cabo por los abogados del primer ministro.

El domingo, Olmert amenazó con destituir «en 48 horas» a los ministros laboristas que votasen a favor de dicha disolución. Al día siguiente, la gran mayoría de los 19 diputados laboristas había anunciado su intención de desobedecerle. Sin su respaldo, Olmert hubiera perdido la mayoría de 61 parlamentarios.

A principios de junio, Barak había amenazado con votar a favor de la disolución del legislativo si Olmert no dimitía. Sin embargo, anunció que permanecería en la mayoría si Kadima elegía un nuevo líder para ejercer la jefatura del Gobierno.

Lo que parecía el martes una crisis inminente se quedó ayer en casi nada y probó la destreza táctica de los líderes de la coalición, cuyo único punto en común es impedir elecciones anticipadas que ganaría el Likud.