Las prácticas corruptas destapan las escasas garantías en el sistema de conciertos de la sanidad italiana
17 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Mientras el doctor Paolo Brega Massone se definía como el «Arsenio Lupin de la sanidad», de Renato Scarponi los colegas decían que era «una máquina de guerra que opera incluso a quien no tiene necesidad». Son dos de los trece médicos investigados por el escándalo que en Italia se conoce como el de la clínica de los horrores y que ha causado indignación y rabia en todo el país. Dos médicos que no dudaban en llevar al quirófano, aunque fuera innecesario, a cualquier paciente que tuvieran entre manos. El sistema de conciertos italiano se había convertido en una mina de oro para estos galenos sin escrúpulos que, según algunos colegas, habían convertido la clínica Santa Rita de Milán en una fábrica de intervenciones quirúrgicas en la que se trabajaba a destajo. Brega Massone era el responsable de cirugía del tórax y Renato Scarponi, del servicio de traumatología.
Para el propietario de la clínica, el notario Francesco Paolo Pipitone, lo único importante era la productividad: más operaciones, más caja, gracias a un sistema de reembolsos hinchados que le había supuesto unos ingresos ilegales de más de 2 millones y medio de euros.
Basada en el sistema estadounidense, en Italia cada región establece una tarifa para cada operación. La de Lombardía es una de los más generosas y por una masectomía paga 4.000 euros, mientras que por una extirpación de nódulos benignos, solo son 2.500. En una de las interceptaciones telefónicas, un médico habla de Brega Massone y dice: «Todo lo que operaba lo pasaba por tumor de comportamiento incierto. Así, por uno que tenía un tubercoloma, le pagaban 20.000 euros, como por un tumor...». Así, los enfermos de tuberculosis de la Santa Rita se curaban con la extirpación de un pulmón. Y a una joven se le extirpó un seno cuando lo único que tenía era nódulos. Las falsificaciones de los diagnósticos estaban a la orden del día.
El jefe de traumatología, Scarponi, tampoco dudaba en utilizar el bisturí e incluso era capaz de reciclar un clavo sin esterilizar, ya que «el enfermo tiene 90 años y una breve expectativa de vida», según una conversación interceptada. Las grabaciones no dejan lugar a dudas sobre las prácticas médicas que provocaron la muerte de al menos 5 personas, mientras otras 90 tienen lesiones graves.
La fiscalía acusa también a los responsables de la clínica de un delito de intento de soborno.