Vuelven los «motines del hambre»

Leoncio González

INTERNACIONAL

La producción de biocarburantes y la demanda de China y de la India han originando una crisis de alimentos mundial. La FAO ya ha dado la voz de alarma

13 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Instituciones que gobiernan la globalización como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial juntamente con Ejecutivos nacionales como el inglés y el francés acaban de dar la voz de alarma ante lo que tiene todas las trazas de ser una preocupante crisis de alimentos mundial.

Tiene su raíz en una constelación de causas diversas, entre las que destacan la desviación de una importante cantidad de cereales a la producción de biocarburantes y el aumento de la renta en países emergentes como China o la India, lo que ha supuesto un crecimiento de su capacidad de consumo y, por tanto, una expansión de la demanda. Hay aún otras razones como sequías recientes originadas por el cambio climático o la aparición de especuladores que, atraídos por las expectativas de beneficio rápido, han empezado a dirigir su atención a la soja, el arroz y el trigo.

Alza de precios y violencia

En cualquier caso, el resultado no cambia: una espiral que empieza con el desabastecimiento, prosigue con el alza desorbitada de precios, conduce a la desesperación a millones de personas y acaba con estallidos de violencia como el que esta semana rompió las costuras sociales de Haití causando ocho muertos y más de un centenar de heridos. En los últimos meses, una decena de países, pertenecientes a todos los continentes menos a la opulenta Europa, han experimentado esa secuencia, lo que ha llevado a algunos analistas a desempolvar la expresión «motines del hambre», acuñada para referirse a las explosiones de ira que vivió Europa entre los siglos XVI y XIX, cuando los alimentos escaseaban.

Con todo, la lista de damnificados no acaba en ellos. Estimaciones del Banco Mundial elevan a 33 los países que están abocados a pasar por el mismo infierno, o que podrían estarlo en el corto plazo. Conforman la geografía del hambre que se ensaña principalmente con el África subsahariana, el sudeste asiático y América Latina.

Coste social

Junto a las tensiones inflacionistas en la economía, la crisis alimentaria tiene un coste social devastador que va bastante más allá de los estallidos puntuales de violencia que ponen de manifiesto su existencia. Devora a pasos agigantados las pequeñas conquistas en la lucha contra la pobreza que se habían logrado a duras penas durante el ciclo de crecimiento en los últimos años; está en el origen de éxodos desesperados de grandes grupos de la población rural que se dirigen a ciudades que no tienen capacidad para acogerlos, en busca de comida, y va a incrementar las estadísticas de muerte por hambre, especialmente entre los más débiles: niños, mayores y mujeres. La emergencia humanitaria está servida en los puntos más desfavorecidos del globo si no se le pone remedio.