Acento gallego

LUGO

12 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Casi seguro que las cajas de ahorro gallegas necesitarán alianzas externas para ganar potencia. Pero tampoco nos engañemos; sin una dimensión adecuada y sin una posición fuerte en el mercado, Galicia jugará de suplente. Y en las decisiones financieras seguramente dejarían de tomarse en cuenta criterios como el arraigo territorial, el compromiso con una visión de país, una cierta discriminación positiva con proyectos industriales y sociales que contribuyen a la cohesión y a la proyección. Hay intangibles que no encajan cuando no se pone el alma en la cuenta de resultados. En definitiva, Galicia dejaría de existir como entidad autónoma en materia económica, es decir, estaría en la línea recta hacia la disolución.

En un contexto tan global en el que las trampas de unos cuantos banqueros norteamericanos ponen por las nubes el precio del pan en la tienda de la esquina; donde hemos cedido buena parte de nuestra soberanía política y monetaria en favor de un proyecto como la Unión Europea; donde los especuladores de Chicago ponen en riesgo la vida de millones de personas en el Tercer Mundo, en ese contexto podría parecer que propiciar la integración de las dos cajas gallegas es una preocupación cateta. Pero más bien es todo lo contrario. Y como el proceso de concentración en el sector ya es imparable, solo una caja con un potencial equiparable al de las más grandes de España permitirá plantear otras alianzas externas en las que el acento gallego no sea como el de Xan das Bolas.

Los actores políticos y financieros están ante uno de esos escasos momentos a lo largo de una vida dedicada a la actividad pública en los que una decisión suya dejará huella. Para bien o para mal. Por eso es de esperar que aprovechen la ocasión para dar una muestra inequívoca de que su apelación al compromiso con Galicia no es volátil como el incienso que arde en la hoguera de las vanidades.