El Breogán se disfrazó de Papá Noel ayer en Illescas. Los celestes devolvieron la alegría a un equipo que no ganaba desde el mes de diciembre y que borró a los lucenses de la pista en un segundo cuarto memorable. Al Leche Río no le faltó actitud, pero se vio desbordado por un adversario que se empleó con mucha dureza sobre el juego interior visitante y que aprovechó las virtudes de sus pequeños para matar la defensa gallega a base de exprimir continuos uno contra uno.
Los de Sergio Valdeolmillos no empezaron mal. Pero Virgil, el virrey de los tableros en el choque de ayer, se erigió en un martillo pilón desde los compases iniciales. El Breogán fue víctima de un cortocircuito brutal en el segundo cuarto. Los toledanos, con un terrible desparpajo en ataque, bombardearon a los celestes con canastas de todas las facturas. Por el contrario, el Leche Río se atascó en la parcela ofensiva y apenas vio el aro del Illescas.
A base de triples, los visitantes evitaron que la diferencia fuese de escándalo en el descanso. Pero una vez más, todos los ingredientes apuntaban a una gesta para que el Breogán optase a sacar un conejo de la chistera en la cancha de los toledanos.
Amagos
El paso por vestuarios sirvió para aclarar ligeramente las ideas del conjunto celeste. Cusworth lideró el ataque visitante con ocho puntos consecutivos hasta que las faltas personales le volvieron a pasar factura. El Leche Río logró rebajar la desventaja de diez puntos en varias ocasiones, pero no acabó de meter el miedo en el cuerpo a un Illescas acostumbrado a languidecer en los desenlaces.
Con un panorama trágico, el Leche Río apeló a la heroica en el tramo final. Pero Jiménez desangraba el reloj a favor de los toledanos mientras los celestes volvían a amenazar la estabilidad local a base de triples.
Pero el Breogán jamás encontró el equilibrio con el juego interior. Los hachazos de los de Juárez rompían las penetraciones del equipo celeste y Morentin, que lo intentaba en el poste bajo, se perdía en la tela de araña diseñada por el técnico del Urban.
A medida que se aproximaba el triste desenlace, el Leche Río comenzó a ser víctima de sus temores. Los lucenses se aceleraron una vez que la sorpresa de la jornada fue tomando forma. La canasta se cerraba en cada entrada y tan sólo la línea de 6,25 mantenía vivos a los pupilos de Sergio Valdeolmillos.
Pero el Illescas, con los deberes hechos después del segundo cuarto, se limitó a dejar correr el tiempo. Con un ritmo lento, las esporádicas puñaladas asestadas por Lyons, Virgil y Parejo sirvieron para arrodillar a un Breogán que sigue careciendo de personalidad arrolladora.