Los dos se ponen la sotana para ir a trabajar. Ambos se apellidan Alonso. Tanto uno como otro pasan muchas horas en la iglesia de Santa Eulalia de Liáns, Oleiros, A Coruña. José Carlos Alonso, coruñés de 42 años, y Pedro Alonso, vigués de 36, son curas, pero el primero lo es de verdad, desde hace 16 años, y el segundo lo es en la ficción, es el padre Casares de la exitosa producción de Voz Audiovisual. «La serie me parece fenomenal. Es una forma, aunque un poco histriónica, de dar a conocer la vida de los curas. Todo lo que se ve es razonable. Son situaciones muy similares a las que nos pasan a nosotros», comenta el padre Alonso, el auténtico, que antes de este destino oleirense ofició misas en A Pobra do Caramiñal y en Santa Comba, e imparte clases de religión en un colegio. «Me llevo muy bien con él. Es un hombre muy simpático y la experiencia de trabajar en su iglesia está siendo muy agradable», apunta el actor Alonso, que, aunque vigués de nacimiento, se considera de Soutelo de Montes, la tierra de los gaiteiros.
Debido al espectacular éxito de la serie, la más vista en la historia de la Televisión de Galicia, son muchas las personas que desde hace semanas se acercan a curiosear por la hermosa zona de Liáns, e incluso preguntan al cura titular si es el padre Casares. «Sí, pero la tele adelgaza», suele contestar en tono de broma José Carlos Alonso, que comparte parroquia con otro sacerdote.
«Es como en la serie. Hay un cura mayor, Don Manuel, que es como el don Crisanto de la ficción, y otro joven, como Horacio Casares, que soy yo», comenta el párroco, que lleva un tiempo sometido a dieta para intentar parecerse un poco más a su versión televisiva. «Soy más gordo, pero tengo más pelo que él», apuntó sonriente en un descanso del rodaje y de las misas de ayer. «No como pan, ni bebidas azucaradas, ni alcohol, patatas y dulces. De lo demás tomo de todo y en cantidad y llevo bajados 12 kilos. Le digo a Pedro que no se ponga a mi lado en la foto, que sale perdiendo», comenta entre carcajadas. Bromas aparte, ambos curas se llevan fenomenal y el actor le suele preguntar al sacerdote sobre distintos gestos y sobre reacciones de la gente.
Los alumnos del centro en el que imparte clases y habituales de la parroquia utilizan al entrañable cura como intermediario para conseguir autógrafos y fotos del protagonista de la serie. «Hay devotas del padre Casares», sentencia el padre Alonso, que se considera «de la nueva generación de los Juan Pablo II boys». Un párroco de película.