Asegura que lo peor es «el goteo cotidiano de mujeres muertas» y que le gustaría dar la noticia de que el paro se desploma
26 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.A tres horas de salir a contar a los espectadores como va la crisis y los preparativos del Mundial, Pepa Bueno (Badajoz, 1964) sigue atendiendo a los medios. El miércoles dio la sorpresa al imponerse a Ana Blanco y a Matías Prats en la categoría de mejor presentadora de informativos en los premios de la Academia de las Artes de la Televisión. La cara del telediario de noche de TVE 1 lleva toda la tarde comiendo bombones a modo de celebración y recibiendo las felicitaciones. Le ha hecho especial ilusión el e-mail que le ha enviado Lorenzo Milá. Él le «cedió» el sillón. Y a ella le resulta comodísimo porque llevan 33 semanas seguidas siendo líderes de audiencia.
-Era su primera candidatura y se ha impuesto.
-Puse cara de sorprendida porque lo estaba. Matías es una referencia absoluta, además de un señor muy gracioso, simpático y entrañable. Con Ana Blanco llevo trabajando muchos años, coincidimos en maquillaje comentando qué tonos nos quedan mejor, si se ha estropeado esta cremallera... Entre los presentadores de informativos hay una corriente de simpatía y solidaridad porque somos pocos y aunque ahora seas competencia antes has trabajado codo con codo y eso le quita mucho hierro a la competencia feroz que hay en televisión. ¡Si hasta hacemos una cena!
-Fue sustituta de lujo. Tomó el relevo a Luis Mariñas y a Lorenzo Milá. Casi nada...
-Efectivamente. Luis fue un renovador en los informativos y Lorenzo... ¡con la iglesia hemos topado! Es el niño de mis ojos. Es el mejor compañero que se pueda tener, por su cercanía, por su empatía... aunque no es nada complaciente. Después de comer he mirado el correo electrónico y el primer e-mail era uno suyo ¡Y eso que en Estados Unidos estaba poco menos que amaneciendo! Por las tardes nos mandamos mensajitos con las noticias.
-Lorenzo tiene un estilo muy particular. ¿Cuál es el suyo?
-Tengo una pasión confesada por el periodismo y por la actualidad, creo en la información hecha para el ciudadano y defiendo el trabajo de un equipo muy potente y de muchos compañeros que no pierden el contacto con la calle, que tratan de saber lo que le preocupa a la gente.
-De trato resulta menos seria de lo que parece en la televisión.
-Yo soy muy sonriente, pero en el telediario no hay mucho por lo que sonreír.
-¿Cuántas veces hubiera querido gritar eso de «tierra trágame»?
-Casi todos los días. A veces estás leyendo una noticia y te das cuenta de que hay un error, lo tratas de arreglar y lo dejas peor, aunque la gente en casa ni lo note. Pero el peor rato lo pasé este otoño, cuando un fallo técnico nos hizo estar once minutos en antena con siete segundos de retardo, así que las palabras y las imágenes se solapaban y yo seguía hablando mientras por el pinganillo me decían: «Estamos tratando de arreglarlo». Al final tuvimos que cortar y salir de nuevo con la mejor cara.
-¿Qué noticias le resultan especialmente duras de contar?
-El goteo cotidiano de mujeres muertas, no me vacuno, no me acostumbro, no lo podemos tolerar.
-¿Y esa noticia que le encantaría dar?
-Ahora me encantaría salir con el siguiente titular: «La lista del paro se desploma», pero no tengo ni idea de cuándo la podremos contar.