Galicia se juega hoy su futuro

Gonzalo Bareño Canosa
gonzalo bareño MADRID / LA VOZ

GALICIA

El discurso de investidura permitirá saber si el reequilibrio económico entre comunidades sigue siendo una prioridad

19 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La de hoy es una de las fechas más importantes en el calendario político español desde hace mucho tiempo. Que Rajoy iba a gobernar era algo descontado desde hace por lo menos dos años, cuando las cifras del paro alcanzaron unos niveles que habrían hundido al Gobierno de cualquier país y de cualquier signo político. Y, sin embargo, en todo este larguísimo período preelectoral, convertido en un dramático tiempo perdido a la espera de lo inevitable, no ha sido posible conocer con detalle el proyecto alternativo del que será designado mañana presidente del Gobierno.

Puede decirse que el verdadero cambio político comenzará hoy, cuando previsiblemente Rajoy especifique en su discurso de investidura cuáles serán sus prioridades, dónde se producirán los mayores recortes e incluso qué parte de los escasos compromisos asumidos en el programa y en la campaña electoral pueden quedar incumplidos.

Sector lácteo, pesca y naval

El discurso que Mariano Rajoy pronuncie hoy marcará en buena medida el futuro de España, para bien o para mal. Y de esa intervención, de lo que se diga y de lo que se calle, dependerá también si Galicia va a dar en los próximos años un paso adelante que le permita acercar su nivel de desarrollo al de otras regiones de España o si, por el contrario, esas diferencias van a seguir agrandándose. La crisis y las propuestas de Rajoy para hacerle frente tienen que ser indudablemente el eje de su discurso. Pero, cuando culmine su intervención, se sabrá también si el objetivo de corregir los desequilibrios históricos entre comunidades pasa a un segundo plano o continúa siendo una prioridad.

Si Rajoy no encuentra un hueco entre hoy mañana, cuando intervenga el BNG, para corroborar con mayor concreción el compromiso que asumió el pasado 15 de noviembre en Vigo de apoyar expresamente al sector lácteo de Galicia para mejorar su capacidad negociadora en Europa; de respaldar a un sector pesquero que a su juicio ha quedado «indefenso por la desidia y el desinterés» del Gobierno socialista y de garantizar el futuro de un sector naval «estratégico» con una fórmula alternativa al tax lease, será una muy mala señal para los gallegos. Como lo ha sido ya el saber que el AVE no corre prisa y que se hará cuando se pueda.

El futuro de Galicia está en manos de la voluntad del nuevo presidente del Gobierno, más incluso que en la del presidente de la Xunta. El hecho de que el próximo inquilino de la Moncloa vaya a ser por primera vez en democracia un gallego debería mover al optimismo. Pero también hay que tener en cuenta que durante los Gobiernos de Zapatero Galicia ha sido la comunidad con mayor número de ministros, llegando a tener hasta cuatro representantes simultáneamente. Con toda seguridad, en el Ejecutivo que dentro de dos días se hará público esa cifra se reducirá drásticamente, hasta el punto de que Galicia puede quedarse sin una sola silla. De ahí que la responsabilidad personal de Rajoy con su tierra sea aún mayor.