Estradas de Portugal ha recaudado 85 millones de euros durante el primer año de funcionamiento de los peajes en las autovías del norte del país. Terapia de choque en plena bancarrota. Si se entera la inflexible teutona Angela Merkel, tomará por banda a Mariano Rajoy y le recordará el viejo refrán español: «Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar». Sin embargo, convendría que los adictos a recortes e impuestos mirasen más allá de la caja registradora y analizasen bien lo sucedido. ¿Puede sacar pecho el Gobierno luso? No parece: en ese período que va de octubre del 2010 a octubre del 2011, el tráfico registrado en las tres carreteras que comunican Oporto con la frontera gallega descendió un 37 %. Algún tecnócrata de nuevo cuño debería cuantificar las pérdidas que eso representa para el comercio, el turismo y la actividad económica en general. Igual descubre que las barreras de cobro solo han servido para empeorar la situación. Igual descubre que la eurorregión necesita estímulos y no que sus habitantes acaben trasquilados.