«Javier no se merece la vida», dice la madre de los mellizos asesinados de A Coruña

n. silvosa, j. becerra A CORUÑA / LA VOZ

GALICIA

El presunto autor del crimen de Monte Alto fue trasladado ayer a la cárcel de Teixeiro

24 ago 2011 . Actualizado a las 19:06 h.

Absoluta consternación en el tanatorio coruñés de Servisa. Los cuerpos sin vida de Adrián y Alejandro Bergantiños yacían ayer tras la cristalera, junto a la que se encontraba un David Lista destrozado. Este joven, hermano por parte de madre de los dos mellizos asesinados por la pareja de su progenitora, se derrumbó. Su rostro se convirtió en un mar de lágrimas que parecían no tener fin, al igual que su rabia: «¡Que se muera! No tiene perdón. Que se muera. Tiene que acabar muerto», sentenció David. Del otro lado estaba su madre, Mar Longueira, que parecía no acabar de dar crédito al terrible crimen que acabó arrebatándole a sus hijos.

Por momentos entera, otras veces profundamente afligida, esta mujer tiene claro lo que siente con respecto al hombre con el que convivía hasta conocer la muerte de sus vástagos: «No merece la vida», decía Mar con la voz rota por el dolor. Reclama un abogado «que apoye y que tire para adelante, y que lo hunda. Que lo hunda en lo más profundo que pueda haber». Precisamente momentos después, Miguel Lorenzo, concejal de Servicios Sociales de A Coruña, le comunicó que contaría con asistencia jurídica gratuita. Igual de rotunda, Mar afirmó refiriéndose al encarcelamiento del hombre: «Él ha hecho lo que ha hecho y no tiene perdón ninguno. Y le deseo por lo menos que no salga, que no salga nunca más».

Poco se sabe de las circunstancias en las que se produjo el doble homicidio. Javier E.F., autor confeso de los hechos, empleó la barra de un armario para quitarles la vida a golpes a los mellizos. Los detalles o los motivos que lo impulsaron a provocar sus muertes resultan desconocidos incluso para la madre de ambos niños: «No lo sé, no lo sé...», balbuceaba Mar, enormemente turbada.

Su amiga de la infancia, Marta, fue su mayor apoyo desde que Mar se enteró del horrible suceso y lo siguió siendo durante el velatorio que tuvo lugar en las horas previas al entierro, que comenzó a las 13 horas de la mañana de ayer en el cementerio de San Amaro. «Quiero que todo el mundo sepa la cara que tiene, no vaya a ser que un día salga y vuelva hacer lo mismo», aseguraba Marta, visiblemente afectada. La acompañante de Mar señaló que «es una familia sin recursos. Que los ayuden a conseguir un abogado, una acusación particular, lo que sea», y añadió que las autoridades municipales «se están volcando bastante».

Ingreso en prisión

Por otro lado, a primera hora de la mañana de ayer ingresó en prisión Javier E.F., tras pasar la noche en el Sanatorio Marítimo de Oza. Allí permanecía en la unidad especial para reclusos, en donde se le realizó un examen psiquiátrico para conocer su estado de salud.

La jueza titular del Juzgado de Instrucción número 5 le tomó declaración el lunes a última hora de la noche. Allí, el acusado fue asistido por la letrada que se le asignó en el turno de oficio, Lucía Rama Vázquez. Esta confirmaba ayer, a las puertas del juzgado, la orden de ingreso en prisión provisional sin fianza en el penal de Teixeiro. La jueza decretó el secreto de sumario.

En los juzgados de A Coruña, sin embargo, reinó el desconcierto durante gran parte de la mañana. Se esperaba que la declaración tuviese lugar ayer, aunque ya se había adelantado al lunes. Por ello multitud de medios de comunicación y curiosos se acercaron a las dependencias judiciales, a la espera de la llegada del acusado. Ello hizo que, en varias ocasiones, agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil advirtiesen de que el acusado ya había ingresado en un centro penitenciario.

La situación llegó a tal grado que el propio fiscal de guardia hizo la misma advertencia. Sin embargo, la sospecha de que se trataba de una maniobra de distracción llevó a la gente a permanecer a las puertas del juzgado. Solo las palabras de la abogada que lo representa lograron que se disolviese el grupo.