Mente inquieta y un entusiasmo contagioso

La Voz

GALICIA

25 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Ángel Carracedo no le hubiera importado ser farero, como sus hermanos. Siente la pasión del mar y envidia su calidad de vida. Pero un libro y un desafío marcó su destino. Tenía 14 años y vivía en Santa Comba cuando se topó en un tratado de biología con un capítulo dedicado a la genética. Hablaba de las leyes de Mendel y de otras cuestiones más farragosas escritas en un lenguaje ininteligible. Carracedo no comprendía absolutamente nada. Y ahí se marcó su primer reto: descifrar lo que parecía un jeroglífico. Lo consiguió con empeño y la ayuda de su padre y, una vez superada la prueba, ya nada fue igual. La fiebre de la genética se había apoderado de él.

Fue su primer desafío, pero, al mismo tiempo, el ejemplo de lo que desde entonces ha sido una constante en su vida: el afán de superación, la búsqueda de nuevas metas, la apertura de nuevos caminos. Se especializó en genética, después de obtener el premio extraordinario en la licenciatura y en el doctorado de Medicina, un área que no existía ni aún existe como tal en la carrera, y empezó a dedicarse a la medicina legal, junto a su maestro Ángel Concheiro, cuando en España nadie dedicaba la más mínima atención y apoyo a una especialidad de la que ahora es líder mundial. No fue un recorrido en solitario, porque tiene una habilidad especial para crear grupos, para generar adhesiones desde el entusiasmo de quien cree en lo que hace y una pasión contagiosa. Es casi imposible encontrar a alguien que no admire a Ángel Carracedo, y mucho menos entre los que han trabajado con él. Es afable y amable, de apariencia tranquila y, aunque la fragilidad de su cuerpo la esconda, posee una enorme determinación y capacidad de sacrificio, aún a costa de su familia y su afición por el mar y el buceo. Y también dispone de una mente inquieta y en constante ebullición que lo lleva continuamente a abrir nuevas áreas de investigación que puedan situar a Galicia en la vanguardia de la ciencia. A veces puede parecer un iluminado, pero aún le quedan sueños por cumplir. Y no es de los que se rinde.