La noticia de ser un pueblo sin delitos no cayó por sorpresa entre los vecinos de A Veiga, ya que que, aunque no disponían del dato oficial, su día a día ya les hacía pensar que algo así ocurría. «Este éche un pobo tranquilo, e espero que así siga sendo», apuntaba Carlos Rodríguez mientras paseaba por el núcleo urbano. Estos días hay muchos más viandantes por la localidad que durante el invierno (muy duro, al estar a los pies del macizo de Pena Trevinca), pero casi todos son oriundos de la zona que regresan a su tierra natal durante la época estival. Rodríguez sostiene que en la tasa cero tiene que ver la presencia de la Guardia Civil, pero sobre todo que «a xente é tranquila, non está a esas cousas».
De igual opinión es Raúl Real, que estos días anda por tierras ourensanas. Tiene su casa en uno de los 29 pueblos que componen el término municipal, en Vilanova, precisamente uno de los más alejados. Está a 16 kilómetros del puesto de la Guardia Civil, pero dice que esta distancia no se deja notar. «La presencia de las patrullas es constante por los pueblos», asegura. Nada que ver, remarca, con Valladolid, la ciudad en la que vive. «Aquí nos sentimos seguros», enfatiza, «nada que ver con lo que vemos todos los días allí».
José Macías achaca esta situación a que la Guardia Civil «nos tiene muy controlados, día y noche». Una afirmación de la que difiere una vecina, que aprovecha la presencia de los agentes para quejarse, una vez más, de los ruidos que todas las noches salen del bar que hay debajo de su casa. «Hasta las seis de la mañana, todos los días», repite incansable mientras trata de apaciguar su enfado por la situación.
«Hai moitos controis»
Menos amigo de la Guardia Civil se muestra Riopoldo Sánchez, también de paso por el pueblo, como cada verano. «Cuanto más lejos, mejor»; mientras que por detrás una mujer añade (intentando dar aprobación a algo que a veces, dice, es «excesivo») que «non deixan pescar, nin cazar, nin nada», en alusión a los controles medioambientales que realiza la Guardia Civil. Sin olvidar los de tráfico. «Os días de feira sempre hai controis de alcolemia», apuntan desde el fondo de la barra del bar Amigo. Su gerente, Laila Rodríguez, asegura que es verdad «que no paran de pasar», para después añadir: «Estoy a favor de que estén por aquí, nos sentimos más seguros».
Es una afirmación que se repite entre los vecinos, y que va en consonancia con la alarma social generada hace algo más de un lustro, cuando se manejó la posibilidad de suprimir este puesto de montaña.
Lo que también se deja palpar en las palabras de los vecinos de A Veiga cuando comentan esta situación es que esperan que así continúe. «Non vaia ser que agora vaian vir aquí os ladróns», apunta Pepe Gómez.