El pueblo que resucitó con los neorrurales pero que no soportó la llegada de la electricidad
PONTEVEDRA CIUDAD
Aunque llegaron a ser medio centenar de almas, ahora apenas quedan unas pocas familias en la aldea de Pontevedra cuyos moradores no quieren salir en el periódico. «La gente está harta de que cada vez que salimos vengan luego los curiosos por aquí, como si fuéramos bichos raros», explica la única vecina que se apresta a contar la curiosa historia del núcleo. En algún momento les llamaron neorrurales, gentes que venían de la ciudad a tomar un modo de vida alternativo en una aldea abandonada y sin servicios. Allí se instalaron y, hace diez años, llegaron a formar una comunidad con más de veinte niños. Algunos compraron las casas que ocupaban. Otros no. En cualquier caso, nunca hubo conflictos con los propietarios. Cuando se reclamó la luz para la aldea, algunos se mostraron en contra y hubo hasta quien se marchó. El caso es que el progreso acabó de romper el encanto de la utopía y hoy quedan cinco familias, la mayoría con empleos que nada tienen que ver con el estilo de vida alternativo que los llevó hasta allí. Al menos, de momento, la aldea sigue viva.