«Venían al bar a comprar gominolas, eran unos niños»

M. V.

OURENSE

09 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Marcos Álvarez y Miguel Ángel Trigo se conocían desde hace años. La tragedia ha querido que murieran juntos dos jóvenes de 17 y 18 que seguramente compartieron en vida muchos buenos momentos. Pese a ser de pueblos distintos, Marcos era de Viveiro (Celanova) y Miguel, de Sabuz (Cartelle), los chicos coincidían en su afición por las motos y estudiaban en el instituto Celso Emilio Ferreiro de Celanova.

En la tarde del domingo, apenas unas horas antes del fatal accidente, los dos muchachos cogieron sus ciclomotores y se juntaron en un galpón de Santabaia en el que, cuando las obligaciones escolares lo permitían, solía reunirse un nutrido grupo de chicos y chicas de la zona. «Solían venir al bar y compraban refrescos y gominolas o chucherías para llevárselas al galpón, todos eran unos niños», recordaba ayer el dueño de un bar cercano, muy afectado tras conocer la noticia.

Horas después, hacia las doce de la noche, los dos chicos se desplazaron con sus motos hasta Celanova. Las aparcaron junto a una cabina de teléfono de la plaza Mayor y subieron al Seat Córdoba de José Manuel, con quien habían quedado para ir a la conocida discoteca Mami, situada a unos veinte kilómetros, en A Manchica.

Dejaron sus motos

La fatalidad quiso que ninguno de los dos llegase a su destino y ayer, a primera hora de la tarde, sus ciclomotores aún permanecían estacionados en la plaza celanovense.

Para esa hora, familiares y vecinos velaban ya en una antigua escuela convertida en tanatorio la capilla ardiente de Miguel, el menor de los tres hijos de un matrimonio muy apreciado en la comarca de Cartelle.

Igualmente queridos son los padres del joven Marcos. Amigos y allegados iban llegando ayer a su domicilio de Viveiro para acompañar a sus padres y a su hermana, de muy corta edad. «Están desolados», aseguraban los familiares, que recordaban que el chico solía hacer a menudo, como muchos otros vecinos de la zona, el viaje en el que finalmente encontró la muerte. «Solía ir con frecuencia con sus amigos a esa discoteca», aseguraba un familiar recordando que Marcos, aún menor de edad, no tenía carné de conducir y siempre viajaba en vehículos de amigos o conocidos.