La mayor parte del vertedero de Areosa ya está sellado e incluso comienza a crecer la hierba en él
A CORUÑA CIUDAD
Aquel que se haya dejado una bolsa de basura en su casa más tiempo del aconsejable quizás pueda hacerse a la idea de cómo huele el vertedero de Areosa, en Cerceda. Ese olor del descuido, pero multiplicado de forma infinita, es el que se siente en el recinto, pero no en todas las instalaciones, sino solo en la zona de descarga, donde los camiones, unos veinte al día y llegados desde toda Galicia, depositan los residuos de alguno de los 280 ayuntamientos adheridos a Sogama. Una vez allí, los restos pasan por una máquina empacadora que convierte la basura en enormes bloques de 2.000 kilos y que después son transportados hasta las zonas habilitadas para su depósito.
Desde lejos, a través de algunos de los montes cercanos, puede divisarse una enorme montaña cubierta por una especie de lona negra y solo la presencia masiva de gaviotas en esta zona del interior gallego desvela lo que puede haber debajo. Muy debajo, ya que, según explicaron los técnicos del vertedero controlado de Sogama (unos 50, que trabajan por turnos las 24 horas del día, «los 365 días del año»), los residuos no se depositan directamente sobre la tierra, sino que antes colocan capas de diferentes materiales para evitar cualquier tipo de contaminación. Y encima, otra vez capas y capas, la última de tierra vegetal, lo que permitirá, en el futuro, convertir Areosa en un lugar muy similar a lo que fue el antiguo basurero de Bens, en A Coruña. En algunas partes se intuye lo que será con el tiempo y ya puede verse la hierba e incluso asoman las flores de las nabizas.
La basura sellada produce gas metano, que es conducido por largas tuberías hasta tres generadores que lo convierten en parte de la electricidad que utiliza la planta de tratamiento de residuos de Sogama, construida a unos pocos kilómetros del basurero.
Dentro de la política de transparencia de la que ha hecho gala el actual presidente de la Sociedade Galega do Medio Ambiente, José Álvarez Díaz, desde su llegada a la sociedad, no hay ningún impedimento para que La Voz visite el vertedero. Es la segunda vez en poco más de un año y las cosas han cambiado mucho desde el primer viaje. En diciembre del 2006 la mayor parte del basurero estaba sin sellar. Hoy la basura al aire libre solo representa una mínima parte del total que, a ojo de buen cubero, ocupa una superficie equivalente a cuatro o cinco campos de fútbol. En total, casi 3,4 millones de toneladas de residuos, llegados a Cerceda desde 1995.
«A Sociedade está a recibir nestes momentos o lixo procedente de 280 concellos galegos, o que representa algo máis de 2,2 millóns de habitantes, e xestiona máis de 900.000 toneladas anuais, o 82% do total dos residuos urbanos producidos en Galicia», explica Álvarez Díaz, quien, como ya hizo en el 2006, reitera que la planta de tratamiento de Cerceda «non ten capacidade para tratar todo o que chega -solo puede encargarse de 550.00 toneladas anuales-, de aí a necesidade de Areosa».
Pero la situación de Galicia, indica, no es única, «en Europa o 50% dos residuos urbanos destínanse a vertedoiros controlados como este, non é a situación ideal, pero non é ilegal, de feito, o de Areosa non só cumpre a normativa, senón que ten a ISO 14001, a certificación ambiental máis esixente de todo o mundo».
El presidente de Sogama está convencido de que el nuevo Plan de Xestión de Residuos Urbanos permitirá el sellado definitivo de Areosa. Y entonces, las gaviotas deberán abandonar el interior de Galicia.