El Obispado pide a los fieles que colaboren con las fuerzas de seguridad
23 mar 2011 . Actualizado a las 13:25 h.En contra de lo que podría esperarse, los robos de campanas en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, la de la Galicia do Norte, no han cesado. Y el Obispado hace un nuevo llamamiento a los files para que colaboren con las fuerzas de seguridad. «É moi importante -señalaba ayer el delegado diocesano de Patrimonio, Félix Villares Mouteira- que cando alguén percibe, cerca dunha igrexa, calquera movemento que lle poida parecer estraño, alerte de inmediato. Se despois é unha falsa alarma, pois non pasa nada, pero o importante é estar sempre vixilantes. Porque a Garda Civil xa está a facer un gran esforzo, pero loxicamente non pode estar en todas partes».
La Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, proporcionalmente una de la de recursos económicos más limitados de España, pero en cambio también una de las de mayor patrimonio artístico y cultural, posee más de 1.700 campanas distribuidas entre los templos de sus más de 400 parroquias. Campanas entre las que se encuentran algunas de las más legendarias (y literarias) de la Cristiandad, como la Paula de la catedral mindoniense. Pero no son las campanas de las grandes basílicas las que corren más riesgos -al menos no lo han corrido hasta el momento-, sino la de los templos más aislados en zonas rurales. «De todas maneiras -añade Félix Villares, que ha vuelto a reunirse estos mismos días con la cúpula de las fuerzas de seguridad en Galicia-, unha campá non ten que ser moi grande para pesar 300 quilos. Así que os que a van roubar, antes tiveron que pasar por onde está para recoñecer ben o lugar do que queren levala. Por iso é tan importante estar atentos. Porque vixilando pódense evitar moitas situacións destas».
La difícil recuperación
Ocasionalmente puede producirse alguna recuperación, señalan los expertos en este tipo de delitos. «Pero eso es porque se trata de una campana que los ladrones han conseguido llevarse sin romperla, y están intentando colocársela a algún anticuario sin escrúpulos. Pero lo normal no es que eso suceda. Lo más habitual -explican- es que la campana rompa al arrojarla desde lo alto del campanario, y que entonces su destino inmediato sea la fundición, para aprovechar sobre todo el cobre que sirve de base a la aleación del bronce. Vender y cobrar rápido es lo que ellos quieren».
Desde el Obispado ha vuelto a pedírseles a los sacerdotes que tomen cuantas precauciones estén en su mano para dificultar el acceso a los campanarios de los templos. Pero la Diócesis teme que, a pesar de todo, los robos continúen.
Félix Villares Mouteira advierte, de hecho, que en los templos de la Diócesis ya ha habido algún intento de robo «a plena luz do día». Algo que, mientras sube la demanda de cobre, invita -comenta- a no bajar la guardia en ningún momento.