La Unión Europea (sección Eurozona) va camino de mutar en un club de protectorados alemanes.
04 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Sin una Constitución que no progresó en época de bonanza, la Unión Europea (sección Eurozona) va camino de mutar en un club de protectorados alemanes. Es sintomático que un país que frenó aquella Constitución, Francia, sea ahora el más ferviente converso al protectorado.
Un protectorado no necesita una real integración fiscal ni, por tanto, dispondrá de un auténtico Banco Central como en EE.UU., será apenas un conjunto de Estados vinculados a la República Federal de Alemania por un contrato bilateral homologado al que llamaré modelo de Fráncfort. Imagino que sin realizar, molestos, referendos.
Ese modelo no será una integración fiscal porque con un presupuesto común del 1 % del PIB europeo, y sin fiscalidad propia, la UE nada tiene que ver con un 20 % federal en EE.?UU.. Tampoco se hablará de cómo poner al día un sistema tributario frágil, regresivo y a la carta. Se trata solo de castigar a quien incumpla el déficit (-3 %) y la deuda (60 %) -niveles chocantes para EE.?UU.-, cifras que en 2013 no cumplirá ni tan siquiera Alemania (menos aún Francia). Aunque se provoque más recesión o paro y se dinamite la economía social de mercado.
En ese modelo de protectorados de Fráncfort, el BCE se dice que debe seguir con su independencia. Independencia que, en realidad, lo convierte en un regulador capturado por los bancos privados (a los que da ilimitada liquidez, solvencia y opciones de negocio); los mismos bancos que, justamente, provocaron la burbuja de crédito y la crisis fiscal que nos llevó a esta situación.
Un modelo que no quiere relativizar su objetivo de inflación en favor del crecimiento, del empleo y de la defensa de las deudas soberanas de todos los Estados de la eurozona. Renunciando así a monetizar (con compras masivas en el mercado primario) una deuda soberana común; lo que nos ayudaría a desapalancarnos, y, de paso, desactivar la prima de riesgo y la noria de las calificadoras.
Es, además, en mi opinión un modelo suicida porque la actual desconfianza entre los bancos deja pálida a la que existe sobre los Estados. Un modelo en el que se sacrifica a buena parte de la sociedad europea en beneficio de un grupo de acreedores financieros, aun a riesgo de hundir varios países. En vez de llamar independencia a actuar como mero tutor de un ajuste de cuentas entre prestamistas, el BCE debiera -como la Reserva Federal en Estados Unidos- ocuparse de salvarnos de esos personajes.
Pero con este modelo no resolveremos lo prioritario (solvencia bancaria) y nos atamos los pies para enfrentar lo secundario (solvencia soberana).
De manera que con una moneda sin Constitución en la bonanza ahora en plena crisis llegamos a una bancocracia. Modelo de Fráncfort. Una tecnocracia ortodoxa y liberal que hace imposible un Obama europeo; porque acabaría ante un Tribunal de ese protectorado por irresponsable fiscal, vulnerador de la independencia del banco central, inflacionario y obstructor de los omniscientes mercados financieros.
«Se sacrifica la sociedad en beneficio de los acreedores financieros»