Los países de la UE han acordado centrar sus estrategias en la creación de empleo y en el impulso a la competitividad general de sus economías, pero sin adoptar ningún mecanismo concreto que los obligue a adaptar la evolución de los salarios a las mejoras en la productividad de las empresas, tal y como propone Alemania.
«Cada país será responsable de las medidas concretas que elija para impulsar la competitividad», reza el acuerdo alcanzado el mes pasado en Bruselas por los líderes de los Veintisiete, en el que, sin embargo, los Gobiernos se comprometen a evaluar los avances en la materia «sobre la base de la evolución de los salarios y la productividad y las necesidades de ajuste de la competitividad».
«En cada país se evaluarán los costes laborales unitarios con respecto a la economía en su conjunto y a cada uno de los sectores principales», dice el acuerdo, que advierte de que «unos aumentos importantes y sostenidos podrían acarrear la erosión de la competitividad».