Llueve sobre mojado sobre los apretados, apretadísimos, presupuestos de las familias españolas. La gasolina por las nubes (esta semana ha marcado un nuevo récord histórico, con un precio medio por litro de 1,33); los precios de los alimentos en subida libre, la losa de la hipoteca, 600 euros más pesada que el año pasado para a quienes les toque revisarla ahora, y, a partir de hoy mismo, el gas natural y el butano también más caros: un 4,1% el primero, y un 6,1% el segundo.
Más quebraderos de cabeza y nuevos y variados malabarismos para llegar a fin de mes en un país en el que, además, el desempleo no para de aumentar. Y más leña al fuego de la inflación. Esa misma que, a buen seguro, llevará al Banco Central Europeo a asestar un nuevo golpe a las economías domésticas y empresariales, en forma de tipos de interés más altos. Un mazazo que llegará, dicen los expertos, más pronto que tarde, y que complicará, más todavía si cabe, la salida de la crisis en España. Dificultando además las posibilidades de cumplir con los ajustes prometidos por el Ejecutivo para saciar la sed de sangre de los mercados.
En definitiva, una cuesta de enero que se alarga y se alarga, y a la que los expertos no alcanzan a ver el fin. Todo un «abuso indiscriminado» contra el español medio, como denuncian las organizaciones de consumidores.