En casa de Ramón Traba, un vecino de Carballo de poco más de 40 años de edad, hay tres personas desempleadas. Él mismo, su mujer y su hijo mayor, que comparten con el mediano, de 19 años, y el pequeño, de solo 6, la paga de 420 euros. Su última nómina es de noviembre de hace ya dos años. En todo este tiempo, a Ramón Traba solamente le ofrecieron un trabajo en la oficina de empleo. Le duró solo tres días, y ni siquiera llegaron a pagarle.
Constancia
Ramón Traba reconoce que nunca fue un trabajador demasiado constante. Empezó su vida laboral con 16 años, pero entonces no estaba asegurado. Siempre se dedicó al transporte, primero con cargas y descargas, y después como conductor. Ahora le valdría cualquier trabajo, pero es muy difícil encontrar ocupación.
Ramón reconoce que hace unos años cambiaba rápidamente de colocación. En cuanto quería unos días de descanso o no estaba de acuerdo con las condiciones laborales, simplemente abandonaba. Nunca tuvo problemas para encontrar un nuevo empleo hasta ahora. Esta forma de actuar solo sirve en época de bonanza y la crisis lo pilló un poco despistado. «Antes aínda podías abusar, pero agora non encontras ningún traballo», explica.