Es una de las caras que engordaron las listas del paro en Arousa en el mes de enero. Hasta finales del 2010, Ainoa Boullosa (A Illa, 1983) trabajaba en un cocedero de marisco. «Pero se acabó la campaña del mejillón, y con ella el trabajo. Y no soy la única. Somos cuarenta trabajadoras las que acabamos de incorporarnos al paro».
Dejó los estudios cuando finalizó el bachillerato, y a los 20 años ya estaba trabajando. Ahora tiene 28, y aunque no es la primera vez que se apunta al paro, nunca estuvo mucho tiempo inactiva. «Siempre trabajé, en el cocedero estuve dos años, y antes, otro año en un taller de construcción y cantería».
Aunque admite que «el panorama es muy negro», reconoce que su situación no es desesperada. Por una parte, porque su marido, que es comercial, tiene trabajo fijo. «A él le va mejor que a mí. Y menos mal, porque tenemos una hija, y la hipoteca hay que pagarla igual». Y por otra, porque se reconoce optimista. «Yo creo que voy a encontrar trabajo pronto. Porque el que quiere, si busca, acaba encontrando. Y no me importa de qué, como si hay que fregar escaleras. Para mí esto no es más que un paréntesis, porque en mi entorno casi todos trabajan».