La caída de capturas en Galicia y una eficaz red de distribución catalana arrebatan el cetro a la parrocha gallega
19 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Xouba en el sur, parrocha en el norte y sardinilla o xoubiña en las latas. Así se llama en Galicia la sardina cuando mide de largo más o menos lo que un paquete de tabaco y menos que un bolígrafo Bic, entre 11 -talla mínima legal permitida- y 14 centímetros, cuando ya no cuela en un guiso de xouba por el rastro que dejan en el paladar sus espinas.
Pero de un tiempo a esta parte la variedad atlántica ha perdido fuelle y cada vez cede más sitio a una fuerte rival, de su misma familia, que llega del otro extremo del mapa: de Levante. «Nin punto de comparación. Unha cousa é un peixe e outra un garabullo», asegura Juan Bautista Vicente Romero, vicepatrón mayor de la Cofradía de Rianxo, puerto en el que se amarra casi el 30% de la flota xeiteira, el arte específico para pescar la sardina pequeña. «Está moito máis rica a nosa, ¡onde vai parar!», corrobora Felisa Martínez, placera del mercado de la coruñesa plaza de Lugo, donde en una jornada de la semana pasada los puestos exponían, a 6 o 5 euros el kilo, un pescado asociado al verano.
Porque el reinado de la parrocha gallega es estacional. Se limita al período estival, al momento de terraza, sol, bebida y pimientos de Padrón. En ese ambiente, la xouba de aquí manda con todas las de la ley. En cuanto aparece en el mercado, hace que su rival mediterránea retroceda, no le queda otra ante las claras preferencias del consumidor: «Cando a hai, queren a de aquí», ratifica Felisa.? Ocurre que la autóctona cada vez falta a más citas en la lonja. Y, además, no se presenta en cantidad suficiente para cubrir la demanda. Por mucho que en Rianxo sostengan que las capturas son casi las mismas que en años anteriores, lo cierto es que las evaluaciones científicas revelan algo distinto: que en el 2009 no se pescó tanta sardina como en el 2008. El año pasado entró en la red un 15% menos en toda España. En Galicia, la caída fue del 12% en la zona del Cantábrico y del 23% en la franja atlántica. El panorama para el 2001 no es nada halagüeño, pues la biomasa ha disminuido un 11%.
Cuestión de presentación
No obstante, la caída de capturas es solo uno de los factores que permiten a la xouba mediterránea disputarle el cetro a la gallega. No hay duda de que la organización de los catalanes y una acertada estrategia de comercialización es lo que ha permitido franquear la puerta del mercado gallego. «A do Mediterráneo é moi cómoda, ven moi ben presentada, en caixas de porexpán de 5 quilos, preparadas xa para vender e por iso as levan moito os supermercados», razona Puri Bermúdez, que regenta un puesto de la plaza de Lugo.
Razón no le falta. Gadisa, que ha hecho del vivir como galegos su lema, es uno de los clientes asiduos de la xouba mediterránea. ¿Por qué? «Porque aquí non temos suficiente para atender a demanda», señalan desde la plataforma logística del grupo en el puerto de A Coruña. De nuevo la escasez como argumento, pero también pesa que la gallega «entra tarde e, ademais, non nos preparan a mercancía como nós queremos».
Marca de calidad
Que la vertiente comercial es un punto flaco importante para la xouba gallega es más que evidente. El primer día que en la lonja de O Muro se descargó una cantidad importante: el precio bajó casi 2 euros y buena parte de la mercancía acabó convertida en harina.
Mientras, en Tarragona, de donde procede la mayor parte de la sardinilla del Mediterráneo, no solo han creado una amplia red de distribución, sino que, además, han conseguido para su especie la marca de calidad Peix Bleu de Tarragona. Así, por mucho que nadie albergue dudas de que «como o pescado noso non sabe ningún porque as augas non son as mesmas», como argumenta la placera Ángeles del Río, lo cierto es que, al final, «os paladares acaban acostumándose» y el garabullo acaba haciendo olvidar el sabor de la xoubiña de Rianxo.