Las familias españolas tienen tres cuartas partes de su patrimonio invertidas en el sector inmobiliario
18 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.«Si no estás dispuesto a mantener una acción durante diez años, no la mantengas ni diez minutos». La frase, de Warren Buffet, considerado por muchos como el mejor inversor del mundo, ilustra la vocación a largo plazo de la inversión en Bolsa. Y, aunque el refranero bursátil no es, ni mucho menos, infalible, los números confirman la validez del dicho. Y si no, que se lo digan a los que entre 1994 y el 2007 confiaron sus ahorros a la renta variable. En ese período comprendido entre dos crisis, caracterizado por un fuerte crecimiento económico y en el que se incluye el momento más dulce del bum inmobiliario, colocar los ahorros en acciones de empresas cotizadas resultó el doble de rentable que hacerlo en la vivienda: un 579%, frente a un 246%.
Así lo revela un informe de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), en el que se demuestra que dos familias con un patrimonio idéntico en 1994 que invirtieron, una en ladrillo y otra en bolsa, llegado el 2007, la última habría podido optar a la compra de una vivienda similar a la del otro hogar y, además, disponer de activos por un importe superior al valor de dicho inmueble.
Estrategia equivocada
A la vista de ejemplos como el anterior, el estudio deja al descubierto que la estrategia financiera de las familias españolas no es la más adecuada, por cuanto supone una elevada asunción de riesgos sin ser, además, la que más réditos proporciona. Y es que, los hogares patrios tienen el 75% de su patrimonio invertido en vivienda en propiedad, lo que supone una conducta contraria a la «prudencia» financiera, que aconseja «diversificación y distribución» de los peligros, con el fin de evitar una concentración excesiva de capital en solo activo. Lo que remite de nuevo al refranero: «No pongas todos los huevos en la misma cesta».
Subraya también el documento que, aunque en principio la inversión en renta variable se puede considerar más arriesgada, a la vista de los vaivenes a los que nos tienen acostumbrados las bolsas -sobre todo en los últimos tiempos-, en el largo plazo la vivienda también está sometida a importantes riesgos como el que representa un cambio de ciclo en el mercado.
Teorías desmontadas
Para la fundación de las cajas de ahorros, la preferencia por el ladrillo se explica por la existencia de algunas «falacias populares», como la creencia de que la inversión residencial resulta muy rentable porque se trata de un activo que siempre acaba revalorizándose, algo difícilmente sustentable, tal y como se ha encargado de demostrar la crisis actual con sus devastadores efectos sobre el mercado inmobiliario.
Por lo demás, el peso de la vivienda en el patrimonio familiar distingue a España del resto de los países desarrollados, a los que sin embargo nos une un escaso interés por las tierras (un capítulo que pierde relevancia con el progreso económico), el efectivo y los depósitos, frente a otros productos financieros como las acciones.