La crisis aceleró la fuga de inversión o la desgalleguización de 60 empresas

Miguel Á. Rodríguez

ECONOMÍA

La absorción de Fenosa, la venta de Audasa y el debate sobre la fusión de las cajas marcaron el calendario empresarial

03 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La crisis en Galicia no puede medirse solo por los 200.000 parados o los 7,5 puntos de PIB destruidos desde el 2007 (algo más de 4.500 millones de euros de la riqueza autonómica). El tejido industrial también acusó la convulsión de los mercados como pocas veces había ocurrido hasta ahora.

Solo durante el 2009, y sin contar con lo que pase al final en las cajas de ahorros, la desgalleguización de Unión Fenosa, la venta al banco neoyorquino Citi de las autopistas de la comunidad, o el desvío de inversiones de firmas asentadas en Galicia, suman cerca de 26.000 millones de euros y afectaron a 60 sociedades.

De todo ese dinero, 20.773 millones fueron el precio que pagó la catalana Gas Natural por hacerse con la eléctrica gallega. La compra de Itínere, la concesionaria de carreteras de Sacyr, incluyó a Audasa, valorada por encima de los 2.500 millones. Otra treintena de promotoras inmobiliarias huyeron de la crisis en Galicia y se dejaron 2.000 millones en proyectos acometidos principalmente en Europa del Este y Latinoamérica.

Tejido auxiliar

El castigado sector de la automoción también centrifugó parte del tejido auxiliar de Citroën en Vigo, debido en gran medida a la carencia de suelo industrial asequible. Una veintena de empresas asentadas en Galicia optaron por crecer en Portugal. Junta, su inversión supera los 600 millones de euros. Otro gigante gallego, la alimentaria viguesa Pescanova, inauguró a mediados del 2009 en Mira (Portugal), la mayor planta de rodaballo del mundo, un proyecto diseñado para Galicia pero que el Gobierno bipartito vetó en cabo Touriñán. La inversión superó los 165 millones.

Algunas auxiliares del automóvil reconvertidas a otros sectores, como el aeronáutico, también se animaron a crecer fuera de Galicia. Es el caso de Delta Vigo, que se está gastando 20 millones de euros en una planta en Illescas (Toledo) que trabajará con la multinacional europea Airbus.

Otro sector paralizado en su actividad, el eólico, también provocó una reconversión del negocio en su industria auxiliar. Cerca de 2.000 empleos se han perdido en los últimos dos años en expedientes de regulación de empleo y cierres de actividad. En otros casos, las inversiones se escaparon de Galicia. Así lo hizo el fabricante de torres eólicas Ganomagoga, que ultima en Brasil una fábrica en la que ha empleado 30 millones de euros y que será capaz de producir 500 torres eólicas al año. Y también la firma porriñesa Censa, que optó por continuar su línea de negocio de componentes eólicos en México, con inversiones en otra planta productiva.

Del futuro de las cajas, donde está en juego la galleguidad de Caixanova y de Caixa Galicia, depende también que la comunidad mantenga una herramienta financiera valorada en 80.000 millones. Sin duda, la operación más delicada de la década.