Los ministros de Economía y Finanzas del G-20 (países desarrollados y emergentes) y los presidentes de sus bancos centrales no quieren que se seque el brote verde que parece haberse experimentado en la economía mundial, motivo por el que en su reunión mantenida este fin de semana en Saint Andrews, Escocia, acordaban pedir al Fondo Monetario Internacional (FMI) que estudie la posibilidad de introducir una tasa a las transacciones financieras internacionales, propuesta presentada por el primer ministro británico Gordon Brown y que era apoyada por España. Al mismo tiempo, los ministros acordaban mantener las medidas de estímulo fiscal en sus economías.
Por decirlo de una manera suave, la propuesta de Brown sorprendió a los delegados de las otras dos potencias, Francia y Alemania, ya que, hasta el momento, Londres se había opuesto a aplicar un impuesto, en parte debido a que la principal economía del país es la financiera y se vería afectada. Sin embargo, el premier se permitió ayer lanzar un rapapolvo a las instituciones financieras causantes de la actual crisis mundial, quizás porque las elecciones generales británicas están a la vuelta de la esquina, cuando dijo que «los éxitos financieros fueron disfrutados por unos pocos, pero los costes de sus fracasos los estamos compartiendo todos nosotros».
Al inicio de la segunda y última jornada de la reunión en Saint Andrews, Brown instó a encontrar una fórmula que «refleje la responsabilidad global del sistema financiero con la sociedad». Lo definió como «un nuevo contrato social», y, explicó que podría adoptar la forma de un fondo especial, un seguro de cobertura bancario, una reserva de capital de las instituciones o una tasa sobre sus transacciones financieras internacionales.
Brown señaló, sin embargo, que cualquier iniciativa de este tipo tendría que ser coordinada internacionalmente, aplicada en los centros financieros más importantes del mundo y no debería distorsionar el flujo de la economía, además de complementarse con las medidas de estabilidad financiera.
Para atajar la crisis
El ministro de Economía británico, Alistair Darling, indicó por su parte que la tasa estaría destinada a ayudar a atajar futuras crisis económicas globales y a que los bancos cuenten con el capital necesario para minimizar las consecuencias para el contribuyente. La decisión de presentar la propuesta por el Gobierno de Brown fue adoptada tras haber obtenido la luz verde de la Asociación de Banqueros Británicos, que, escuetamente, indicó en un comunicado que «la propuesta merece ser considerada», aunque advirtió que el Reino Unido no daría ninguno de esos pasos si no se lleva a cabo a nivel global.
La semana pasada, Francia también señaló que estaba considerando un impuesto a transacciones financieras que ayude a superar la división entre países ricos y pobres. El impuesto podría recaudar 20.000 millones de euros anualmente, lo que sería utilizado para financiar proyectos de energía renovable en los países más pobres.
En cuanto a otro de los temas que centró la reunión en Escocia, el G-20 se mostraba partidario de «mantener los estímulos fiscales hasta que la recuperación esté asegurada». El comunicado final de la reunión indicaba que «las condiciones económicas y financieras han mejorado tras nuestra respuesta coordinada a la crisis. Sin embargo, la recuperación es desigual y sigue siendo dependiente del apoyo político», y agregaba el texto final que «para restaurar la economía global y recuperar el sistema financiero, accedemos a mantener el apoyo a la recuperación hasta que esté asegurado».
Sin acuerdo climático
Otro de los temas abarcados en la reunión hacía referencia al cambio climático, apenas un mes antes de la cumbre que se celebrará en diciembre por este motivo en Copenhague. Tampoco esta vez los titulares de Finanzas del grupo de las 20 naciones más ricas llegaron a un compromiso acerca de objetivos vinculantes y la aportación de fondos. China volvió a ser uno de los países más reacios a la adopción de medidas en la lucha contra el cambio climático, según trascendió en Saint Andrews.
Para Darling, el cambio climático debe ser tomado tan en serio como la crisis financiera por las principales potencias económicas, y dejó entrever que es fundamental que los titulares de Economía de las naciones más poderosas lleguen a un acuerdo entre ellos. «Si no hay acuerdo sobre las contribuciones financieras, que asegure que podemos abordar el problema, será mucho más difícil adoptar una decisión en Copenhague», indicó el ministro británico, que abogó por alcanzar un acuerdo de 100.000 millones de dólares destinado a costear las medidas contra el cambio climático.
En la capital danesa está previsto que se sienten las bases de un acuerdo que suceda al Protocolo de Kioto, que expira en el 2012
Una reunión de 175 naciones de la ONU que tuvo lugar en Barcelona terminó el viernes con pocos progresos hacia un acuerdo mundial sobre cambio climático, pero limitó las opciones de ayudar a los considerados países pobres a adaptarse al calentamiento global, compartiendo tecnología y reduciendo las emisiones contaminantes que están causadas por la deforestación.