Un controvertido banquero ante la penúltima salida para poder mantenerse en el sillón

La Voz

ECONOMÍA

05 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Galicia tendría mucho que perder si Caja Madrid, segunda entidad de ahorros del país, se queda con Caixa Galicia. Pero habría quien saldría ganando, y además personalmente. A Miguel Blesa de la Parra (Linares, Jaén, 1947) ya le han puesto fecha de caducidad sus enemigos en la corte capitalina. Para octubre o noviembre están previstas las elecciones en Caja Madrid y su puesto como presidente se da por amortizado. Desde otoño del año pasado no han dejado de salirle sucesores, como Rodrigo Rato.

Está enfrentado a Esperanza Aguirre, pero la presidenta de la Comunidad tiene las de ganar: selló a inicios de la semana pasada un acuerdo con todos los sectores estratégicos de la caja (partidos, sindicatos, impositores...) para garantizar la estabilidad de la firma y seguir adelante con el proceso electoral, tras la aprobación de los estatutos. Blesa preside Caja Madrid desde septiembre de 1996. Solo una gran maniobra le permitirá aferrarse al sillón unos años más. Por eso apuesta firme por una fusión, porque paraliza todos los procesos de renovación de directivos durante el tiempo que dure ese proceso. Y por eso patrocina el estudio que aconseja la fusión de la entidad que preside con la CAM valenciana y con Caixa Galicia; estudio que goza del apoyo de sectores del PP.

El melón lo abrió a mediados de junio: «En el caso de las cajas de ahorros, habría que hacer algo para remover las barreras geográficas [...] en tanto que podrían dificultar la posibilidad de fusiones». Dicho de otro modo, dar carta blanca a uniones con entidades de otros territorios. Siempre tendría las de ganar Caja Madrid.

Con él, la financiera se ha colocado al frente de las cajas con una mayor morosidad del sistema (5,5%, un punto más que la media) por su afición a las promociones inmobiliarias. No ha logrado además la salida a bolsa del brazo inversor Cibeles (como sí hizo La Caixa con Criteria) y en sus últimos meses aprobó la compra de un coche de lujo, por 510.000 euros, para desplazamientos del presidente, mientras la entidad denegaba créditos. De su sueldo poco se sabe: fuentes financieras lo colocan en tres millones de euros al año.