Sarkozy mide mañana sus fuerzas frente a los sindicatos en una huelga general

F. Iturribarría? / ?E. Müller

ECONOMÍA

Enfrentados a diario a la crisis y a la amenaza que pesa sobre miles de puestos de trabajo, los franceses han sido convocados por los sindicatos a una jornada de huelga general mañana, en una movilización de protesta que pretende ser la más importante desde que Nicolas Sarkozy llegó al poder en mayo del 2007. El llamamiento al paro lo han suscrito la totalidad de las centrales sindicales francesas -algo poco habitual en el país- en defensa del empleo, del poder adquisitivo y de los servicios públicos. La jornada de acción cuenta también con el apoyo de todos los partidos de la izquierda y de numerosas agrupaciones de la sociedad civil: asociaciones de padres, vecinos o jóvenes, organizadas en verdaderas redes de comunicación a través de Internet.

El momento parece especialmente propicio, por el delicado clima social que se vive actualmente en Francia, con una inquietud latente frente al desempleo y por el deterioro de las condiciones económicas que dicen sentir dos de cada tres franceses. «Los trabajadores tienen la impresión de estar pagando con sus empleos, sus salarios y sus derechos sociales una crisis de la que no son en absoluto responsables», comentaba hace unos días François Chérèque, jefe de la CFDT, segunda gran central sindical gala.

Tras el recrudecimiento de la crisis financiera en septiembre, Sarkozy anunció un plan de ayuda a los bancos por importe de 360.000 millones de euros. Y la pasada semana el primer ministro, François Fillon, comunicó que el Gobierno destinará entre 5.000 y 6.000 millones para apoyar a la automoción.

La oposición y los sindicatos consideran que estas medidas muestran claramente la orientación de un Gobierno que prefiere favorecer en primer término a los banqueros y los industriales, en lugar de sostener el poder adquisitivo de los franceses, como había prometido el presidente Sarkozy durante su campaña.

«Sangre fría y calma

«Debo ver las cosas con sangre fría y calma, reflexionar y no decidir en función de lo que escriben los periódicos o de lo que dice el que grita más fuerte». Con estas palabras, Sarkozy envió ayer un mensaje de firmeza en su política económica a dos días de la huelga general que prevé paralizar, en especial, los transportes y el sistema educativo. Sin mencionar directamente la convocatoria sindical, el presidente francés aprovechó la visita a la fábrica de PGA Electronic en Chateauroux (centro del país) para dejar claro que no piensa modificar su estrategia frente a la recesión. «En una democracia es normal que la gente proteste. Pero yo he sido elegido para conducir un país de 65 millones de habitantes y quiero que salgamos de la crisis reforzados», declaró en su discurso ante los obreros.

Mientras tanto, el Gobierno alemán dio ayer luz verde al mayor plan de reactivación económica de la historia del país, en el más reciente intento para tratar de frenar los efectos de la crisis y, al mismo tiempo, aprobó un presupuesto suplementario que duplicará el endeudamiento.

El programa, de 50.000 millones, se apoya en dos grandes pilares: un programa de inversiones públicas de unos 18.000 millones de euros y recortes de impuestos y de cotizaciones por un valor de otros 9.000 millones de euros. También incluye un plan de rescate para la industria, similar al que fue aprobado para la banca, dotado con un fondo de 100.000 millones de euros de garantías a las empresas con problemas de financiación.