Los ministros de Finanzas de la UE (Ecofin) dejaron ayer claro que no son partidarios de «innovaciones» para hacer frente a la crisis económica y acordaron combatirla con los instrumentos que utilizan desde hace años, principalmente el rigor presupuestario y las reformas estructurales. Conscientes de que el origen del problema está en los mercados financieros, insistieron en la importancia de que recuperen un «funcionamiento normalizado».
Con ese objetivo, explicó la ministra francesa, Christine Lagarde, siguen apostando por aumentar la transparencia y por garantizar que todos los actores del sector financiero asumen sus responsabilidades. A este respecto, también mostró su satisfacción por que la mayoría de las grandes entidades financieras de la UE ya han informado, como les solicitaban los mandatarios desde hace meses, sobre sus pérdidas y sobre su grado de exposición a activos con problemas.
La única decisión concreta que salió de la reunión informal del Ecofin, celebrada desde el viernes y hasta ayer en la localidad francesa de Niza, para diseñar una respuesta común a la crisis fue solicitar al Banco Europeo de Inversiones (BEI) que refuerce el apoyo financiero a las pequeñas y medianas empresas.
En un contexto de falta de liquidez, los Veintisiete quieren garantizar que las pymes europeas cuentan con recursos para mantenerse. En concreto, el BEI deberá aumentar hasta 15.000 millones de euros sus líneas de financiación a las pymes de aquí al 2009, el 50% más de lo que estaba previsto, y hasta 30.000 millones de ahora al 2011.
La ministra francesa, que ocupa la presidencia del Ecofin, hizo hincapié en que, en la situación actual, los Gobiernos deben seguir respetando el Pacto de Estabilidad, cuyo objetivo es la reducción del déficit público, que en ningún caso debe superar el 3% del PIB. Deben, además, continuar con las reformas estructurales y mejorar los mecanismos de supervisión y evaluación de los riesgos.
Unanimidad en la actuación
El comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquín Almunia, se mostró satisfecho al constatar que los Veintisiete comparten el diagnóstico sobre las causas de la desaceleración -la inflación, el tipo de cambio y las turbulencias financieras- y también están de acuerdo en la respuesta. Almunia coincidió con Lagarde en que la UE ya cuenta con los medios adecuados para combatir la crisis y devolver la confianza en la economía europea sin recurrir a instrumentos nuevos.
El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, incidió, por su parte, en el riesgo de que se desaten efectos de «segunda ronda» de la inflación, con aumentos encadenados de otros precios y de los salarios. Trichet recordó lo sucedido en la década de 1970, cuando tuvo lugar el primer shock petrolífero y el contagio de las subidas resultó «catastrófico», con la inflación cada vez más alta y paro masivo.
Otro de los puntos tratados se centró en la ampliación del catálogo de productos y servicios que se benefician de un tipo de IVA reducido, y una vez más quedó claro que, a este respecto, los Estados miembros están divididos en dos bloques, a favor y en contra de la modificación.