El esfuerzo que para las familias españolas supone la compra de una vivienda en el mercado libre se redujo ligeramente entre abril y junio de este año por segundo trimestre consecutivo. Los datos que elabora el Banco de España revelan que a comienzos del 2008 se frenó una escalada que había comenzado 22 años antes y que ha elevado a cotas máximas, y seguramente inasumibles, la proporción de ingresos que los hogares han llegado a comprometer en la adquisición de un piso.
Con la venta de inmuebles paralizada y el precio de los créditos hipotecarios en los niveles máximos, el esfuerzo teórico que realizó un hogar para pagar, durante el primer año, una hipoteca equivalente al 80% del valor de una vivienda adquirida en el mercado libre representó, en el segundo trimestre del año, el 46,1% de su renta disponible. Entre enero y marzo ese importe llegó a ser equivalente al 46,3% y en la recta final del 2007 se disparó hasta el 46,5%, la proporción más elevada en dos decenios. En el 2003, esa relación se limitaba al 31,8%.
Caída
El descenso también se deja sentir, en lo que va de año, en el esfuerzo doméstico realizado por la compra de vivienda tomando en cuenta los beneficios fiscales. Incluida la deducción tributaria correspondiente, el compromiso de los nuevos hogares hipotecados era equivalente, en el segundo trimestre, al 37,1% de su renta disponible. Entre enero y marzo la proporción ascendía al 37,2%, y se situaba en el 37,3% en los meses finales de 2007. Cinco años antes, ese esfuerzo se limitaba al 22,5%.
El Banco de España ya dio cuenta de que, en el primer trimestre del 2008, la deuda familiar -créditos hipotecarios, pero también los destinados a la compra de bienes de consumo y otros fines-, alcanzó un nuevo máximo y superó los 945.700 millones, cifra un 9,4% superior a la registrada un año antes.