Las compañías del ladrillo inician su desbandada del sector energético. En tiempos de vacas gordas, las principales constructoras del país tomaron posiciones en los grandes grupos energéticos aprovechando su solvencia y la manga ancha bancaria.
Ahora, con esas participaciones industriales en caída bursátil, los bancos que financiaron las operaciones comienzan a exigir nuevas garantías y, aun con minusvalías, la mejor forma de salir del atolladero consiste en vender el negocio energético.
Además del parón del ladrillo y la caída en la licitación en la obra pública, la mayor parte de las constructoras españolas acusan un descenso en los ingresos de sus autopistas de peaje, provocado por el bajón del consumo, y que lastra una fuente de liquidez fundamental en estos últimos años.
El camino a seguir lo ha mostrado Florentino Pérez con la venta de Unión Fenosa, maquillada como un paso atrás para coger carrerilla y asaltar Iberdrola, pero que, en realidad, sirve para reducir la deuda de la primera constructora española y mitigar la presión de los bancos acreedores.
El presidente de ACS logró cerrar en menos de dos semanas la minisubasta abierta por la eléctrica de origen gallego. En el momento de abrir el proceso, Unión Fenosa acumulaba una caída en bolsa desde enero del 30%. Tras calentar oportunamente el valor de la acción, Pérez logró ingresar 7.700 millones, con unas plusvalías de 2.800.
En su explicación a la Comisión Nacional del Mercado de Valores, el ex presidente del Real Madrid aseguró que su intención ahora es invertir en Iberdrola, pero los números demuestran que una vez que cancele los préstamos que asumió para tomar el 45% del capital de Fenosa apenas le quedarán 1.200 millones de euros, que ni siquiera le servirán para comprar el 5,5% de la vasca que ya tiene en derivados.
Otros ejemplos
Pero la desinversión de ACS no será la última. Fuentes del sector energético aseguran que otra de las grandes constructoras, Sacyr, perjudicada por el decidido apoyo de Repsol a la compra de Fenosa por parte de Gas Natural, busca comprador para su participación del 20% que posee en la compañía que preside Antoni Brufau.
La compra de la eléctrica de origen gallego afectará negativamente a la remuneración vía dividendos que Sacyr esperaba recibir de Repsol, que ya ha anunciado que acudirá a la ampliación de Gas Natural necesaria para financiar la operación. La entrada de Sacyr en Repsol se produjo entre junio y diciembre del 2006, a un precio medio de casi 27 euros, con lo que actualmente la constructora acumula minusvalías latentes en la petrolera superiores a los 1.250 millones.
Otro gigante del ladrillo que ultima su retirada del sector energético es Acciona. Fuentes del negocio eléctrico explican que la firma de la familia Entrecanales ya ha pactado su salida de Endesa para el 2010, donde posee el 25% del capital tras la operación conjunta con Enel. El gigante estatal italiano, con el 67% de los títulos, acabará haciéndose con el control total de la primer eléctrica española ante las dificultades financieras de la constructora y ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre el reparto de activos.
El pacto inicial suponía que Acciona se quedaría con el negocio verde de Endesa (incluidos 568 megavatios de eólica en Galicia, que se sumarían a los casi 200 que ya poseía la constructora). No obstante, la coyuntura económica podría obligar a la familia ?Entrecanales a renunciar a estos activos a cambio de liquidez, según estas mismas fuentes.
La historia se repite
No es la primera vez que las compañías constructoras realizan una incursión de carácter especulativo en el sector energético. En el año 2001 el grupo Villar Mir, a través de su filial Ferroatlántica, y con el apoyo de la alemana EDF, abrió la primera guerra de opas en el sector eléctrico español, desatada por el control de la asturiana Hidrocantábrico. La portuguesa EDP, actual propietaria, acabó pagando jugosas plusvalías a Villar Mir por el 60% del capital.
Tampoco es la primera vez que las grandes constructoras realizan un salto de estas características a un sector estratégico. En la eufórica década de los ochenta algunas de ellas desembarcaron en las principales entidades financieras para protagonizar poco después una huida similar a la actual: ocurrió con los March en el Banco Popular, los Albertos en el Banco Central, o los Entrecanales en el entonces Banco Vizcaya.
La tendencia de estos gigantes pasa ahora por buscar nuevos nichos de mercado y negocio y abandonar progresivamente los activos energéticos con los que se hicieron en los últimos años. El valor especulativo de estas participaciones las convierte en un buen sistema para mejorar la liquidez.