La multinacional Inditex confirmó ayer que ha llegado a un acuerdo con un grupo textil de Bangladés para este que cerrara una de sus fábricas, que había sido denunciada por abusar tanto de manera verbal como físicamente de sus trabajadores, a los que, al parecer, golpeaban y les bajaban sus salarios si cometían errores en algún momento del proceso de la fabricación.
Un portavoz de Inditex explicó que, tras una denuncia llegada a la BBC, un miembro de la compañía, concretamente Javier Chércoles, viajó hasta la India para comprobar si la fábrica en cuestión trabajaba para el grupo gallego, concretamente para Zara.
Chércoles comprobó que no, pero que sí lo hacían otras factorías que pertenecían a la misma empresa india. El representante de Inditex no pudo constatar si en algún momento se había desviado producción para esa planta, que en ningún caso cumplía las condiciones que exige el Código de Responsabilidad Social Corporativa de la multinacional con sede en Arteixo.
Tras esta comprobación, la dirección de la compañía decidió poner en un brete a su proveedor, al que le exigió cerrar la fábrica y volverla a abrir en tres meses pero cumpliendo todas las condiciones de seguridad y todas las cuestiones laborales relativas a representación sindical, negociación colectiva, etcétera.
Exigencia aceptada
La exigencia fue aceptada por el grupo de Bangladés, cuyo nombre no quiso desvelar el portavoz de Inditex. Este puntualizó que en ningún momento se pudo corroborar si era cierta o no la denuncia de abusos verbales y físicos, que, de haberse cometido, serían «absolutamente inaceptables».
La multinacional Inditex audita periódicamente todos los talleres con los que trabaja, y les exige unas condiciones determinadas de respeto a los derechos humanos y laborales.