Los europeos de a pie ven en él al culpable de que la vida les cueste más cara, los Gobiernos lo utilizan de excusa porque ya no pueden desarrollar una política monetaria propia, y las empresas tiemblan con sus oscilaciones frente al dólar, que de la noche a la mañana pueden desplomar su mercado exterior o rebajar a mínimos inasumibles su capacidad para competir con los productos extracomunitarios.
El euro, que constituye uno de los mayores éxitos de la integración europea, cumple este mes diez años de existencia, y celebra su aniversario en plena crisis de las economías europeas, con los mercados financieros en permanente estado de nervios desde hace meses y con la inflación a galope campando a sus anchas por la mayoría de países que lo han adoptado.
Con motivo del cumpleaños del euro, la Comisión Europea planea aprobar hoy un informe en el que loará los logros de la moneda única, y en el que planteará también a los Veintisiete la necesidad de reformar sus estrategias económicas para poner coto a la crisis, enfrentar los retos de la globalización y, también, lograr que la ciudadanía recupere la ilusión en la divisa europea.
Detalles
Es cierto que el euro, que se utiliza ya en 13 países de la UE, no empezó a circular oficialmente hasta enero del 2002, pero su alumbramiento se fraguó en Bruselas durante el primer fin de semana de mayo del año 1998, cuando los ministros de Economía y Finanzas de la Unión, entonces formada por 15 países, acordaron los detalles de su entrada en vigor. Poco después, Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos y Portugal se comprometieron con un tipo de cambio fijo con el euro y asumieron una política monetaria común que acabaría poniendo en manos del Banco Central Europeo la competencia para fijar los tipos de interés al que sus ciudadanos pagan las hipotecas.
Diez años después, el euro es sinónimo de estabilidad económica y de creación de empleo, y aunque no ha traído crecimientos escandalosos -el PIB comunitario se ha incrementado a un ritmo medio del 2,47%-, su historia ha estado acompañada de notables descensos de las tasas de paro y de aumentos paralelos en las rentas de las familias.
Sin embargo, y pese todos esos beneficios, muchos europeos creen que la única ventaja del euro es la comodidad de poder viajar por la eurozona sin necesidad de cambiar divisas ni hacer cuentas mentales para comprar en otra moneda. Porque, según las estadísticas más recientes, apenas cinco de cada diez se muestran satisfechos con él. En España, un 22% de la ciudadanía se declara descontenta, y cerca del 30% asegura que la moneda única le trae sin cuidado.
Además, Bruselas reconoce que el euro ha tenido un «efecto anestésico» sobre algunos Gobiernos de la UE, que al perder las competencias sobre la política monetaria se habrían relajado a la hora de adoptar las reformas necesarias para garantizar la salud económica de sus países.
«A veces nos vemos obligados a poner en marcha incentivos para que las lleven a cabo», aseguran fuentes de la Dirección General de Asuntos Económicos y Financieros, que alertan, sin citarlos, contra la «miopía» de esos Gobiernos.
Éxitos
De momento, el comisario del ramo, el español Joaquín Almunia, presentará hoy un informe en el que se glosan los diez años de la moneda única como un decenio de éxitos, pero en el que se proponen también nuevas medidas para mejorar el funcionamiento la Unión Monetaria. Entre ellas, reforzar la vigilancia de los indicadores económicos e a incluir nuevas variables de obligado cumplimiento en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.