Lejos de remontar, la crisis económica internacional se expande y España refleja sus síntomas con caídas en el consumo privado, la venta de pisos, la inversión inmobiliaria o la firma de créditos. El Gobierno admitió ayer que las turbulencias mundiales tras el estallido de la crisis hipotecaria en Estados Unidos «seguirán influyendo negativamente».
El secretario de Estado de Economía, David Vegara, aseguró que el sistema bancario aún presenta síntomas de «gran fortaleza», pero reconoció la «necesidad de preparar al país» para una lenta recuperación. El segundo del ministerio de Solbes pidió que se mantenga la moderación salarial que se lleva a cabo desde hace meses, convencido de que «ayudará a mantener el crecimiento económico y el empleo ante una desaceleración segura de la demanda».
Vegara calificó este enfriamiento salarial como «el gran activo de la economía española, junto con el saneamiento de las cuentas públicas».
Desde el Ministerio de Industria también pronosticaron una caída de las inversiones internacionales. El secretario general de Comercio Exterior, Alfredo Bonet, destacó que la inestabilidad internacional está ralentizando la economía de las naciones que operan en España. Las inversiones extranjeras ya habían caído el pasado año un 25%.
El Fondo Monetario Internacional corrobora los peores pronósticos para Europa. Sus responsables afirmaron ayer que los problemas en el sistema financiero internacional aún no se han solventado. A juicio del director de Asuntos Monetarios del FMI, Jaime Caruana, el «ajuste de estas turbulencias llevará tiempo y es posible que haya algunos reveses más».
Mientras, el petróleo continúa la escalada de precios que la semana pasada marcó un nuevo récord histórico. El barril Brent, de referencia en Europa, alcanzó ayer los 84,49 dólares, frente a los 82,90 a los que llegó a cotizarse el lunes. Algo similar sucede con el oro. La onza subió el martes en el mercado londinense hasta los 767,09 dólares, un precio nunca visto desde los años 80. Según analistas del banco Barclays Capital, el repunte está «directamente estimulado por la debilidad del dólar, la inquietud geopolítica y los precios récord del petróleo».