En el mismo período, 2002-2007, la mayor alza demográfica la han protagonizado los sexagenarios.
13 ago 2007 . Actualizado a las 11:02 h.Durante el último lustro la población de Galicia ganó 31.905 habitantes, pero el potencial de personas jóvenes productivas o que están a punto de serlo ha perdido 68.955 individuos. Es más, la inmensa mayoría de los trabajadores jóvenes que han abandonado la comunidad autónoma ejercen un oficio o son universitarios y, además, casi todos los que se han marchado ya tenían rodaje laboral.
La nueva emigración gallega es radicalmente distinta de la sangría poblacional vivida durante las décadas de los años cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo pasado, cuando el hambre y la ausencia de empleo explicaban movimientos de población casi forzosos. Hoy ?recurriendo a una necesaria generalización pero sin menoscabo de otras explicaciones de alcance menor?, los que optan por abandonar Galicia lo hacen por motivos vinculados a legítimas aspiraciones personales, aunque en gran medida motivados por las características de la economía y del mercado de trabajo autóctonos.
En la Galicia actual no hay más miseria ni menores oportunidades de empleo que en Madrid, Cataluña o el País Vasco. Lo que ocurre es que las ofertas gallegas se caracterizan por dos condicionantes, entre otros menos importantes: los salarios acostumbran a ser sensiblemente más bajos que en otras geografías y los empleos que requieren elevada formación o capacitación son escasos.
Lo primero, los salarios bajos, explica que miles de jóvenes que ejercen oficios manuales en la Costa da Morte u O Salnés se marchen a Canarias o a la Comunidad Valenciana. Y lo segundo provoca que cientos de titulados de muy diversas especialidades busquen salidas profesionales ?también mejores sueldos? en Cataluña, Madrid o incluso en Portugal.
Fenómeno complejo
La emigración de los siglos XIX y gran parte del XX estuvo motivada por cuestiones económicas de índole general y de calado histórico, aparte de los exiliados que provocaron la Guerra Civil y las persecuciones políticas posteriores. En tanto que la emigración de la década de 1990 y de lo que va del siglo XXI, aun teniendo raíces económicas, obedece a razones inmediatas, de origen muy reciente e hijas de una situación socio-política caracterizada por dos lacras.
En primer término, la carencia de planificación y estrategia por parte de los poderes públicos, pues los sucesivos gobiernos autonómicos no han buscado respuesta a la pregunta fundamental: ¿Qué sectores de la actividad interesan o tienen más futuro para el bienestar y la estabilidad de la sociedad gallega? Cuestión bien distinta de buscar salida a las inversiones privadas.
Segundo y en lo tocante a las responsabilidades empresariales, es obligado resaltar que el mercado de trabajo gallego, y por tanto la población activa ?sobre todo la más joven?, es víctima de la aplicación casi generalizada de criterios excesivamente tácticos, que cabe resumir diciendo que demasiados empresarios aplican la consigna de obtener el máximo beneficio lo más rápido que sea posible.
Indudablemente, la existencia de estos dos condicionantes no justifica satanizar a todos los dirigentes políticos y económicos, pues ha habido y hay gestores de lo público y empresarios que han asumido y asumen el reto de hacer país ?por emplear un término útil para resumir lo esencial del problema y de la solución?.
Paliativo leve
Los efectos de que en cinco años se hayan marchado 68.955 gallegos jóvenes han sido atemperados por la llegada de inmigrantes. De hecho, estas incorporaciones y el ligero repunte de los natalicios de los últimos años explican que Galicia haya aumentado su población, aunque en grado inferior al resto de comunidades autónomas, exceptuada Asturias, que ya es el nuevo paradigma del envejecimiento poblacional.
Sin embargo, tal como han subrayado economistas y demógrafos de distintas escuelas y signos ideológicos, el grueso de la inmigración asume empleos de baja cualificación y que en su mayoría cubren servicios (hogar, hostelería) o retos productivos tácticos (construcción); lo cual, desde un punto de vista exclusivamente económico, confirma la urgencia de diseñar un modelo de desarrollo autóctono de alcance estratégico.
A mayores, el vaciado de jóvenes debilita el sustrato socio-cultural del país, factor que a medio y largo plazo siempre tiene secuelas económicas.