La obra repercutió en la economía local pero generó fuerte impacto social
09 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La imagen de la zona de Dozón a San Miguel de Castro (A Estrada) comenzó a vislumbrar sus primeros cambios de importancia a principios del 2006. Las máquinas para el AVE emprendían actuaciones ya de calado en el tramo Abeleda-Baxán para el viaducto sobre el río Asneiro en Vilanova (Lalín). Ahora, casi seis años después, el tren empezará a recorrer con viajeros la línea que varió para siempre los municipios de Deza y A Estrada. La zona lo verá pasar. Escuchará su sonido muy diferente al del traqueteo de los primeros trenes que a mediados del siglo XX comenzaron a recorrerla. Pero a diferencia de entonces, no se detendrá. Las opciones para subirse al AVE que creó nuevas montañas, suavizó otras y varió comunicaciones pasan por ir a Santiago o a Ourense.
Para ver el impacto de la nueva línea ferroviaria más allá de la estampa que creó solo hace falta repasar cifras: más de 400 millones de euros invertidos únicamente en la construcción de la plataforma, que en la zona se subdividió en seis tramos. El más caro, el último Dornelas-Boqueixón, con el puente sobre el Ulla, con más de 125 millones de euros. El más barato, 10,8 millones de euros, para los nueve kilómetros que separan Baxán-Anzo. El tramo más corto, el Anzo-Carboeiro, con más de 78,7 millones de inversión en cinco kilómetros. Pero estas cifras de la plataforma se han visto incrementadas desde los primeros presupuestos. Modificaciones de proyectos que obligaron a nuevas expropiaciones. También está el coste de las estructuras auxiliares y el equipamiento de la vía. Solo la subestación del Adif en Carboeiro superó los 20 millones de euros.
Esta inversión para el AVE tuvo su reflejo en la económica local. Por una parte, fueron varias las empresas que participaron como subcontratas en las labores de construcción de la plataforma. A ello, hay que añadir los cientos de trabajadores que participaron en la construcción supusieron un importante movimiento económico también en negocios como la hostelería y la restauración. Otro mercado que se movió mucho fue el inmobiliario, con el alquiler de pisos.
Repercusión social
La otra cara la pone otra cifra de impacto: 600 hectáreas expropiadas en los primeros momentos. Esta superficie se incrementó poco a poco, con la construcción de más escombrera e incluir nuevas zonas no previstas inicialmente entre las afectadas. Esto supone miles de fincas y, con ello, miles de titulares afectados. Viviendas que desaparecieron -Lalín fue el más afectado con en torno a una decena de familias que se vieron obligadas a cambiar de hogar y en Pazos (Silleda) fueron cuatro-, explotaciones que vieron mermada su superficie, vías públicas que cambiaron de trazado y generaron protestas durante las obras debido a su mal estado, manantiales que desaparecieron,... Una huella que va mucho más allá de lo cuantificable económicamente con las indemnizaciones por las expropiaciones.
El servicio ferroviario de alta velocidad que estará operativo desde mañana sábado pondrá fin a más de una década desde que se inició la exposición pública de los primeros planos con el proyecto en la zona.
Inversión que supera la ejecución de la plataforma y la subestación eléctrica
400
Millones de euros
Terreno expropiado inicialmente para la nueva línea ferroviaria en la zona
600
Hectáreas de terreno