La lógica de Nadal, la épica de Ferrer

Paulo Alonso Lois
paulo alonso lois REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Una paliza y una victoria épica permiten a España acariciar su quinto título de la Copa Davis en el estadio sevillano de La Cartuja. Manda por 2-0 ante Argentina, tras el triunfo incontestable de Rafa Nadal sobre Juan Mónaco y la sufridísima victoria de David Ferrer ante Juan Martín del Potro. El equipo de Albert Costa solo necesita una victoria más, que puede llegar en el dobles de hoy (TVE, 16.00) o en cualquier individual, mañana.

Nadal jugó como nunca y ganó como siempre sobre tierra batida. Venció por 6-1, 6-1 y 6-2 a Mónaco. Tan arrollador fue su comienzo, que al partido le faltó parte de la tensión que se asocia con una final de la Copa Davis. Pero no cabían concesiones ni contra un íntimo amigo de la adolescencia, y el mallorquín lo ventiló por la vía rápida.

Los dos primeros sets del español retratan el estilo que lo ha encumbrado en el comienzo de siglo como el gran señor de la tierra. Juega con potencia desde todos los puntos de la pista, corre, defiende, contraataca y lleva siempre el partido a donde le conviene. Contados fueron sus fallos en un partido de la máxima exigencia. Al final, la cuenta de golpes ganadores y errores no forzados terminó en un elocuente 26-24. Enfrente, Mónaco tenía que forzar tanto la máquina para aguantar el ritmo que se perdía en una espiral de errores. Sus 14 winners pesaron muy poco en una balanza con 43 errores.

Con Nadal a los mandos de todos los resortes del partido, el encuentro se animó con 2-2 en el tercero. Hubo puntos maravillosos, hirvió la grada. Nadal se dejó ver hasta virtuoso en la red, y Mónaco participó del espectáculo. El clímax llegó con un punto antológico del mallorquín que le valió el 3-2. Después, sentenció.

Luego llegaba uno de los partidos de más dificultad de la final, que se estiró hasta las cinco menos cuarto, hasta terminar con 6-2, 6-7 (2), 3-6, 6-4 y 6-3. Ferrer se dejó el físico para resistir a los estacazos del gigante Del Potro. El español cocinaba el partido más a fuego lento, buscando la iniciativa, pero a gusto en los intercambios largos, mientras que el argentino lanzaba un zarpazo a la mínima oportunidad. En un duelo de alternativas, la historia se repitió varias veces. En el cuarto set Del Potro vio pasar su oportunidad ante sus narices cuando restó con 4-4 y 30 iguales. Luego Ferrer no dejó pasar la suya.

«Hace una semana estaba acabado y ahora parece que no soy humano. No hay que dramatizar ni exagerar»

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