El Lugo regresa al Municipal del Val de Alcalá de Henares, un feudo que la pasada temporada le fue propicio para sacar un triunfo importantísimo en la mejor versión de Carlos Tornero con la elástica rojiblanca. Pero la historia hay que reescribirla cada día. Los antecedentes solo cuentan a efectos estadísticos, y lo mejor es obviarlos cuando se trata de una nueva edición futbolística. Quique Setién tiene la más que dudosa participación de Carlos Pita, como eje central del equipo, sobre el que gravita todo el juego de los lucenses. El ex-deportivista aún no está plenamente recuperado de su dolencia, y no parece, en principio, que el técnico cántabro quiera arriesgar con la presencia de un hombre vital de su entramado. De ahí, que Rubén García y Javi Rey sean los máximos candidatos a ocupar las dos plazas de mediocentro. Dos hombres que, por cierto, aún no se han consolidado como auténticos titulares. En el caso del ex del Pontevedra, como sub 23, hay una acrecentada expectación por desenmascarar las auténticas posibilidades de un jugador que llegó a Lugo con la vitola de auténtico proyecto de gran promesa. Su currículo así lo acredita y su internacionalidad sub-19 lo confirma. Ahora le ha llegado la hora de la verdad, porque sus incuestionables cualidades (calidad, visión de juego, manejo y verticalidad) han de confirmarse en el terreno de juego con esa asiduidad que, hasta la fecha, no ha tenido. Y ese es su gran reto: asumir su rol sin cortapisas, ejerciéndolo en ese papel de líder que se le debe de exigir. El tiempo y las oportunidades suelen conciliarse pocas veces. Y el que quiera triunfar no puede desaprovecharlas. El Lugo es ahora mismo una perfecta plataforma de lanzamiento. En una carrera tan fugaz, el futbolista que quiera triunfar tiene el deber de subirse a ese tren. Es el caso del otro sub 23, Isma. Como su compañero, tiene un pasado lustroso. Y esta es su hora, si no quiere quedarse. Es la hora de estos sub 23 del Lugo.