«Hasta cuarenta golfistas pueden ganar el US Open», afirma Martin Kaymer, uno de los candidatos
16 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Si el Abierto de Estados Unidos fue hasta hace muy poco un major de dominio local, la edición que arranca hoy en el Congressional se presenta con la huella del golf europeo y la baja por lesión de Tiger Woods, ausente por primera vez en 17 años. «El golf lo necesita», proclamó sobre la baja de Tiger el norirlandés Graeme McDowell, el último ganador del Open y culpable de romper una racha de 40 años de sequía europea.
Nada más conocerse la ausencia de Tiger Woods, las entradas se devaluaron un 20 % y existe el temor a un descenso de la audiencia televisiva en Estados Unidos. En los últimos tres majors ningún norteamericano acabó entre los tres primeros. ¿Son las secuelas de la depresión Tiger? La USGA (Asociación de Golf estadounidense) sabe que no hay favorito. Sin Tiger, el papel de los jugadores locales es difuso (Mickelson se exprime más y mejor en Augusta).
Tres españoles
El protagonismo será de los europeos, sobre todo de los que encabezan el ránking mundial: Luke Donald, Westwood y Kaymer, aunque los dos primeros no saben aún lo que es ganar un grande. «Hasta 40 jugadores» tienen posibilidades de vencer, según aseguró Kaymer. Incluso, y en esa línea aparentemente europeísta, los tres españoles (Jiménez, Álvaro Quirós y Sergio García) también jugarán juntos hasta la jornada del corte, al igual que italianos (los hermanos Molinari y Manassero) y los mejores suecos (Stenson, Edfords y Jacobson).
Pese al guiño televisivo hacia los europeos, los organizadores guardan su mejor carta: han preparado un campo duro, largo y rápido en los greens. El Congressional, en Bethesda, a 24 kilómetros del centro de Washington, se ha remozado para destrozar ilusiones y vanidades. Quizá en este terrorífico escenario pueda repetir su momento de gloria el argentino Ángel Cabrera, campeón del torneo en el 2007 (Oakmont), y pelear por el título el colombiano Camilo Villegas.
Sergio García, que jugará su major consecutivo número 47, aunque por vez primera desde una fase previa, ganó en este campo el BoozAllen Classic del 2005, pero con un recorrido distinto. El diseño ha sido alargado (será el segundo abierto más largo de la historia), y sus tees, modificados para trabajar con la bola. Como señaló Álvaro Quirós, «hay que pegar al drive no solo a la calle, sino muy largo».
En cuanto al rough, el primer corte tendrá una media de 5 centímetros, pero el segundo, a 6 metros de la calle, alcanzará los diez centímetros. Por si fuera poco, la hierba de los greens fue cambiada a bentgrass, para dejarlos más firmes y rápidos.
Un último apunte, demoledor, es el llamado factor final: el hoyo 17 es terrible, pero el 18 es el par 4 más largo del campo, con 478 metros, y agua muy cerca del fondo del green.
McDowell ganó el año pasado en Pebble Beach al par del campo. En Bethesda ya corren las apuestas para acertar con el acumulado final para un abierto simuladamente europeizado.