Los granates necesitan el apoyo del público, más que nunca, porque otra derrota complicaría aún más su situación
06 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El Pontevedra tiene que bailar hoy con la más fea de la fiesta con una cojera de campeonato, porque los granates están casi obligados a frenar la impresionante racha del Real Madrid B con un equipo muy mermado en todos los sentidos (Pasarón, 17.00 horas). De hecho, Castro Santos no ha tenido más remedio que incluir en la convocatoria a futbolistas que están bastante tocados como Dani Pendín o Fran Amado.
Además, Adrián Cruz y Sergio Castaño causan baja por sanción, y para más inri el once titular compaginará la vieja guardia con varios de los recién llegados, que aún no han tenido tiempo para acoplarse al grupo. Así, en la convocatoria destacan los nuevos, Teo, Alfonso, Fran Amado, Castells, Yahvé y Rubén Pardo.
La lista se completa con Orlando Quintana, Dele, José Picón, Pendín, Pepe Aicart, Santi Amaro, Iban Espadas, que puede reaparecer después de varias semanas, Rubén Reyes, Aitor y el jugador del filial Claudio Giráldez. En estas condiciones, la empresa de sacar adelante el encuentro semeja harto complicada y, por ello, la baza de los aficionados será más determinante que nunca.
Los seguidores granates, que se fueron desenganchando del Pontevedra por discrepancias con el anterior modelo de trabajo, no tienen excusa para quedarse en casa porque los precios son asequibles a todos los bolsillos. Las localidades son más baratas incluso que las que se despachan en las taquillas de campos de Tercera División, porque la tribuna cuesta 12 euros, la preferencia 10 y los fondos 7.
Los hinchas deben hacer un esfuerzo para llenar lo más posible las gradas del coqueto Estadio de Pasarón porque abandonar ahora al Pontevedra casi significaría condenarlo al descenso. Y sería muy triste pasar la próxima temporada por el martirio que está viviendo la masa social del Racing de Ferrol.
Lograr que el campo luzca sus mejores galas, como en el partido con el Lugo, supondría saltar al campo con mucha ventaja, porque los jugadores se sentirían muy arropados, se sacudirían parte del miedo que tienen a perder y redoblarían esfuerzos. El «¡Pontevedra, Pontevedra!» debe resonar con la fuerza de antaño porque todos juntos podemos salvar al equipo.