Lotina habla, Lendoiro silba

A CORUÑA CIUDAD

26 ene 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Lotina no es un populista. Por eso, cuando habla en público, al que más perjudica, normalmente, es a sí mismo. Ayer, sin ir más lejos, entró a todo tipo de trapos, a pecho descubierto, sin demagogias, sin palabras para la galería y, sobre todo, sin pensar en las consecuencias de sus palabras para su propia persona.

Solo desde un gran convencimiento se entiende la ultradefensa que Lotina hizo ayer de Antonio Tomás. Un jugador nada popular, sin carisma, al que solo vemos en el campo cuando saca una falta. Lotina, que sabe lo que se piensa en A Coruña sobre este chico, pudo haberse callado, pero prefirió defenderlo a muerte a costa de un pedacito de su propia imagen.

Pero las palabras de Lotina, por reiteradas y abundantes, ocultan una terca realidad, que el vasco, con tener su cuota de responsabilidad en los resultados, trabaja en un club unicelular, en el que cualquier parecido con una estructura profesional de élite es pura coincidencia. Baste recordar los episodios de Morel y Urreta y sus viajes; o el caso Sergio, que desenmascara a un presidente capaz de relegar los intereses del club en aras de sus venganzas personales; o el tema médico, con numerosos expedientes X; o la economía, siempre bajo sospecha; o los juzgados, una obsesión; o el nepotismo, o los gastos en cenas, o los insultos al discrepante o la incapacidad para enderezar el rumbo de una nave que tiene hace años a la deriva y cuyo hundimiento solo ha sido evitado precisamente por el lenguaraz Lotina, un técnico que cada vez que se inmola ante la prensa sirve en bandeja un magnífico escondite a Lendoiro, que silba hacia arriba, aunque algo tendrá que ver en que el club esté cogido con alfileres.