La televisión manda con tanta fuerza en el fútbol que obliga a jugar partidos un día sí y al siguiente, también. A tan anormal situación se llegó con el visto bueno de los clubes, a cuyos rectores no parece preocuparles demasiado que los entrenadores se lamenten por el elevado número de partidos, con el consiguiente esfuerzo físico de unos jugadores que antes disputaban 40 encuentros por temporada y ahora, en algunos casos, superan los 60. Después se escuchan lamentaciones por las lesiones. Dicen que el fútbol es así, pero no es cierto. Así lo convirtieron sus dirigentes, quienes piensan más en los ingresos económicos que en el espectáculo.
Todo esto hace que si ayer nos referíamos al Almería-Deportivo (1-0), el deportivismo ya piense hoy en Valencia, y pasado mañana se comentará lo sucedido en Mestalla. A esta velocidad marcha el fútbol organizado, y esto de organizado es un decir, porque hay días en los que el seguidor no sabe si el partido de su equipo corresponde al campeonato de Liga o al de Copa. Se están jugando partidos con tanta prisa como si el mundo fuera a acabarse mañana.