El Lobelle remontó tras el descanso ante un Carnicer muy incómodo

SANTIAGO

18 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Cada curso que pasa el Carnicer se ve en la tesitura de reinventarse. Todos los años hay muchas caras nuevas en la plantilla, entra mucha juventud y, a menudo, emigran en busca de destinos pudientes sus jugadores más cotizados. Pero lo que no cambia es la genética de un equipo que apuesta por las tres uves: verticalidad, valentía y velocidad.

El conjunto madrileño hace muchos kilómetros y no parece conocer la presión psicológica. Juega lo mismo con el marcador a favor que en contra y casi siempre es un rival muy incómodo.

Ante ese equipo, el Lobelle lo pasó mal. Quizás hubiese sido distinto con algo de efectividad en las primeras llegadas, porque en tres minutos dispuso de tres buenas ocasiones, sobre todo un mano a mano de Luis con Prieto.

Demasiado acelerado

El colectivo de Tomás de Dios arrancó algo acelerado. Y, si por una parte consiguió llegar a la portería de Prieto con cierta fluidez, por otra se cargó demasiado pronto de faltas. Además, el partido empezó a tomar los derroteros que no quería Tomás de Dios, con idas y venidas continuas, ataques muy cortos, con mucho descontrol. Los primeros cinco minutos fueron frenéticos y, sin embargo, el marcador no se movió.

Tras el frenesí inicial, el juego se remansó y también bajó el número de ocasiones. Paradójicamente, en ese escenario el Carnicer parecía superior a los puntos, más cómodo. El Lobelle acabó pagando el peaje de las faltas, algunas innecesarias, como la primera de Eka, por medir mal, o un empujoncito de un excesivamente teatralizador Pola. Así se fue llegando al cupo de cinco y, a falta de dos minutos, Jaison dispuso de un doble penalti que no perdonó.

En los últimos treinta segundos los árbitros pasaron por alto una mano de Caio, que salió a cortar el balón fuera del área, y una de Kita dentro del área, al echarse al suelo para cortar el último chut del período inicial.

Tras el descanso cambió el escenario del partido. El Lobelle se despojó de la ansiedad, ya no intentaba robar tan arriba ni tan pronto. Obligó al Carnicer a elaborar un poco más su fútbol sala. Y los madrileños, en cuanto se vieron con problemas para correr, espesaron su ataque.

Después de una fase de equilibrio salió el joven Diego y le puso al encuentro mucho picante. Estuvo en cancha unos cuatro minutos y dejó su impronta de jugador incisivo. De un robo suyo nació el empate. Cortó y en la misma acción le dejó el balón a Alemao para que galopase. Leitao acompañó por la izquierda, recibió y anotó. De otro robo de balón nació el segundo tanto, poco después de que Rómulo perdonase una ocasión de libro. Esta vez recuperó Alemao, se apoyó en Eka y el pívot fusiló con sangre fría.

Contragolpe magistral

El tercero fue un lienzo para enmarcar, al contragolpe. Robó Leitao, forzó en la salida del balón, abrió hacia Rubi y el canterano, lejos de enredarse supo encontrar la pausa para frenar y servir hacia el segundo palo, donde apareció Aicardo para empujar.

Carnicer se la jugó con portero jugador y movió el balón con mucha velocidad. Pero primero Caio y después David, en la línea, impidieron el gol. Y poco después, tras una pérdida de balón de Leitao, Kita chutó fuera con todo a favor. Ahí acabó todo.