El número uno del golf encara un nuevo reto psicológico en su reaparición tras admitir sus infidelidades
08 abr 2010 . Actualizado a las 15:47 h.Redefinió el golf con un juego hercúleo nunca antes visto, rompió barreras raciales al ganar en un deporte dominado durante décadas por blancos, disparó las audiencias televisivas con su extraordinario talento y llenó su cuenta corriente con mil millones de dólares alimentando una imagen de chico perfecto, de elegido para llevar el deporte a una nueva frontera. Tal pompa se hinchó alrededor de Tiger Woods que, cuando el cuento de hadas se torció, tuvo que dar más explicaciones de las habituales. Sus reconocidas infidelidades respecto a su mujer, la modelo Elin Nordegren, se convirtieron en la América más puritana en un asunto público. Compareció apenado, habló de su internamiento en una clínica. Pidió perdón a todos cuantos se podían haber sentido estafados porque él mismo había hecho de su vida algo más que un asunto privado. Hasta Barack Obama pidió para el deportista una segunda oportunidad. Hoy se espera en el Masters de Augusta su gran reaparición después de 144 días sin competir.
Deporte, morbo y espectáculo se mezclan en un retorno en el que Woods también persigue su redención ante los aficionados, que lo alentaron desde el lunes en su primera ronda de prácticas. Su emparejamiento a última hora de la jornada -junto al coreano K. J. Choi y el estadounidense Matt Kuchar- contribuye a propiciar una audiencia de escándalo en la televisión estadounidense. Su irrupción en el golf mundial, también en el Masters, en 1997, llegó a reunir a más de veinte millones de norteamericanos ante la televisión.
Desde entonces, sumó 14 grandes títulos, y está a cuatro del récord de Jack Nicklaus. Se ha enfrentado a toda clase de rivales, campos y condiciones. Nada ha impedido su reinado en el golf mundial. Cuando falta, hay un vacío. Ganó incluso con el ligamento cruzado anterior roto un maratón de cinco días en el US Open 2008. Reapareció a lo grande luego tras ocho meses sin competir. No hay reto que se le resista. Ahora se enfrenta a otro desafío: ver su juego escrutado desde un nuevo punto de vista, tras sus problemas personales. Woods ha resistido a toda exigencia física y psíquica. Solo se resintió en el 2006, también por un asunto personal, cuando jugó el US Open poco después de la muerte de su padre, una figura capital en el diseño de su carrera como gran elegido, y falló el primer corte de toda su vida profesional en un major .
Hoy callan los chismes y habla el golf ( Canal + Golf, a partir de las 22.00 horas ). Woods persigue su quinto Masters.