La etapa de los ascensos desató los números rojos

M.?G.?R.

DEPORTES

05 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El Ciudad de Santiago es el heredero del histórico Atlético Fátima, club fundado en el barrio compostelano del Castiñeiriño en el verano del 78. Durante algo más de veinticinco años se convirtió en uno de los referentes de la cantera santiaguesa. Viqueira es, probablemente, el principal exponente de ese vivero.

Los problemas para el colectivo verdiblanco empezaron a multiplicarse cuando llegó a una encrucijada: ¿Había que seguir como siempre, como un colectivo de cantera que nunca había pasado de la Preferente, o había margen para la ambición y para aspirar a cotas mayores?

Triunfó la segunda opción y, con objeto de conseguir más recursos, optó por la conversión en sociedad anónima deportiva no profesional.

Ese planteamiento coincide en el tiempo con el declive del Compostela, el club con más predicamento en la afición.

Cuando el Compos cayó hasta Preferente (por un doble descenso, deportivo y administrativo) y entró en fase de intervención judicial, fue el Atlético Fátima (entonces aun no se había completado la conversión en sociedad anónima) el que se hizo cargo de la administración de todos los equipos blanquiazules, previa autorización del juez.

Poco después llegó la etapa más gloriosa en el plano deportiva y, al propio tiempo, la más onerosa para las arcas verdiblancas. Ya como Ciudad de Santiago, el club dio el salto a Tercera División, en la campaña 06/07. Fue un curso convulso, de desencuentros entre los principales accionistas. Se saldó con unos números rojos de cerca de 300.000 euros.

Hito histórico

Después llegó el histórico ascenso a Segunda B, al año siguiente. Ese balance se cerró con un pequeño superávit, de 25.000 euros. Y la pasada temporada fue la de la categoría de bronce, saldada con un déficit de algo más de 300.000 euros.

Durante estos años de crecimiento tomó cuerpo la sensación de un cierto padrinazgo por parte del Concello. Lo cierto es que nunca se concretó formalmente y, si bien el concejal de Deportes manifestó en alguna ocasión su predisposición para buscar apoyos, las gestiones no dieron resultados.

Llegó a celebrarse al menos una reunión con un grupo de más de una docena de empresarios para solicitar su colaboración. Pero la liquidez no terminó de fluir hasta las exhaustas arcas verdiblancas.

El éxito deportivo no se vio acompañado de un proyecto económico sólido y la afición tampoco se enganchó.